12 nov. 2013

Cecilia: recordando a alguien que sigue ahí


Corrían los 90, aquellos años por los que más de una vez he mostrado añoranza. En la colonia y mi calle aún había constante actividad de los niños más chicos. Teniamos videojuegos y otras cosas, sí, pero no se habia apoderado la tecnología a tal grado de la gente como para impedirles salir a tomar aire e interactuar frente a frente.

Habíamos muchos adolescentes en los alrededores. Era clásico el salir al parque a viborear gente, o algunos preferian estar jugando en la calle o simplemente en una esquina riéndose de cualquier tontería. A poco menos de dos cuadras, la tiendita de abarrotes a donde todos ibamos era también punto de reunión, justo en la banqueta afuera de ella.

Como otras veces he relatado, tenía mi particular grupo de amigos con quienes iba aquí y allá. Si bien tuvimos conflictos algunas veces con otros grupos, nos manteniamos a raya y tranquilos en la medida de lo posible. Y es que habiendo tanto que beber, comer, probar, ligar, y experimentar; qué perdida de tiempo el dedicarlo a pelear con otros que a fin de cuentas eran escuincles comunes como nosotros.

Fue en el "territorio" de uno de esos otros grupos de chavillos, precisamente unas casas más allá de la tienda de abarrotes, donde apareció quien llamaría la atención de muchos de nosotros. Bueno, saben a lo que me refiero, no es que apareciera de un día para otro; pero en ocasiones al llegar a los 15-16 años se vuelve notorio alguien que antes de eso parecía sumido en el anonimato.

Cecilia. Ese era su nombre. Hermana menor de una chica igual de guapa, quien era novia y ya prometida de un vecino veinteañero con cuerpo de bully-deportista y cara de nerd, con todo y anteojos.

Por su parte, Cecilia no tenía novio en ese momento. Era dedicada a sus estudios y otras actividades. Una bella chica por fuera y por dentro, simpática y risueña. Alguien cuyos rasgos y sonrisa me la recuerdan mucho es la actriz Cobie Smulders, quien interpreta al personaje de Robin en la serie How I met your mother.

Quienes actualmente son adolescentes saben cómo es ese escenario. Y los que lo fuimos alguna vez, podemos recordar. El Santo Grial en la forma de alguien del sexo opuesto que se vuelve la pareja ideal, con quien todos quisieran estar. No fui la excepción, también un tiempo quise andar con Cecilia.

Le intentaba sacar plática de una u otra forma, fracasando no tanto por mi culpa, sino por rumores y malos comentarios sobre mi que me precedían: "el que es bien grosero y peleonero", "el que escucha esa música fea de puros gritos y guitarrazos", "el que se viste de negro solamente y se hizo tatuajes como si fuera un pandillero"...

Pero, y aquí está lo que me sorprendió, su rechazo no era grosero ni con una mirada de juicio severo o con actitud de "cotizarse alto". Por el contrario, Cecilia tenía ese algo en que podia estarte diciendo que no y que te fueras muy lejos, pero lo hacía hablandote de forma cortés, educada, y con esa sonrisa que siempre le caracterizaba. Y así era con todos, en sus grupos y actividades era querida por todos.

No dejó de saludarme, ni de platicar conmigo de forma breve como siempre habiamos hecho, contrario a los métodos de muchas mujeres de hacerse pendejas o ser más que maleducadas con alguien que lo único que hizo fue manifestarles un genuino interés. Cecilia estaba lejos de hacer eso. Es por ello que le caía bien a muchos, incluyendo a ciertos matrimonios que habrian querido una novia asi para su hijo. Sí, entre esos sin duda estaban mis papás.

"Eres un corazón de hotel", me decía la señora de la tienda de abarrotes. Siempre nos hemos llevado bien, así que hay confianza. Ella pensaba que mi deseo de andar con Cecilia era algo momentáneo. Bueno, ya me sabía otras cosas, por eso es que tenia esa opinión. Más aún, ella es parte del Círculo del Chisme, constituido por varias vecinas que hasta hoy dia se reúnen ahi para criticar y casi tragar verbalmente a gente de aqui y allá.

- "No me doy por vencido así de fácil" - le respondía yo, al ver que cada tipo bateado por la chica, incluyéndome, aparecia en la lista de temas a desmenuzar por el Círculo del Chisme cada noche.

Y no lo hice. Pero mi interés era tácito, no el insistente y exteriorizado de muchos. Cecilia sabía cuando me saludaba que lo antes dicho estaba en pie, y vigente. Y era mucho mejor una relación cordial de conocidos que una viciada de pretendiente y "pretendida". Así seguimos, pasando los meses como instantes, hasta que llegó cierta semana en particular.

Esa semana era ya de tiempo de frío. Los días se habian vuelto algo grises, como grises serian también las noticias. Primero, noté que no había tanta actividad con las del Círculo del Chisme al ir a la tienda. Bueno, ahi estaban, y cuchicheaban como siempre entre ellas. Pero no estaban esas clásicas risas gritonas y escandalosas. Más bien, y era lo desconcertante, se veian serias. Melancólicas. Y no me comentaron nada, aunque los siguientes días de la semana fui a la tienda a hacer mis compras como siempre.

- "¿Y Cecilia?" - pregunté al fin. Solo estaba la señora de la tienda. Cuando empezó a responder, lo dijo con voz baja, susurrando, asi como hace la gente creyendo que es una forma más respetuosa de tratar las cosas. Tuve que pedirle que lo repitiera, y presté más atención a sus palabras.

Con un tono monótono y lento, me dijo que Cecilia había sufrido un accidente. Tuve que cuestionarla una y otra vez ante su resistencia de dar detalles. Luego de un choque, la pobre chica había quedado notoriamente lesionada, sus extremidades ya no funcionaban casi nada y no podría caminar.

A Perfect Circle JUDITH
Imagen del video "Judith" de A Perfect Circle. Maynard, vocalista, cuestiona el que su madre Judith siga profesando fe y amor por Dios como siempre a pesar de haber quedado paralizada y confinada a una silla de ruedas. -"Alabas a aquel que te dejó rota y paralizada"-

Tenía, además, "la expresión de su cara muy torcida", dijo. Escuché hablar a la señora de la tienda sobre eso mientras en mi mente recorría los términos médicos que en mi modesto conocimiento podia ubicar: ¿Paraplejía? ¿Tetraplejía? Decidí dejar de lado eso, no estaba yo a cargo de un diagnóstico, a fin de cuentas. No estaban dejando que la vieran salvo pocos familiares. Ella misma no quería ser vista.

Y, debo confesar, cuando por fin pasó algún tiempo y los vecinos pudieron ir de visita... no lo hice. Como yo, otros tampoco fueron.

Una de las formas más fuertes de negación es aquella que nos previene de ver destruido lo que alguna vez vimos como puro e incorruptible. Supongo éste incidente y mi negativa de ir fue ejemplo de esto.

Dijeron esto y aquello al respecto en el Círculo del Chisme, alguna gente diciendo que tal vez era doloroso o traumante para mi y otros el ver algo así, otras decian que a fin de cuentas Cecilia y yo eramos conocidos que platicabamos esporádicamente y no amigos en sí, y otros más -los más objetivos- decían que lo que importaba era que se recuperara en lo que se pudiera, y andar esparciendo la noticia, o saber quien visitaba o no, no era lo más importante.

¿Que si volví a verla? Supongo es la pregunta obligada. Sí, varios años después, y hasta hace poco, la vi dando una corta vuelta del brazo de su papá. Casi colgada a él. Uno de los esfuerzos de éste por hacerla salir.

Vi sus pasos dados extremadamente cortos y notorios esfuerzos, siempre pareciendo que va a desplomarse a pesar de estar aferrada a quien le cuida, y la expresión de su rostro ausente y alterada a tal grado que no es posible traducirle en tal o cual emoción. Esa sonrisa desapareció al igual que nuestra adolescencia y aquellos días más felices.

...

6 comentarios:

  1. Y me pongo en el lugar de Cecilia... y que al principio no quieras ver a nadie, obvio, a nadie le gusta que le tengan lastima y estar escuchando el "pobrecita"en 3ra persona como si no estuvieses ahí.. bla,bla... pero luego me pondría a pensar y que fue de los que andaban como moscas.. y no es que espero un amor de cuento (de esos que no importa nada ni lo fisico ni nada, bien que andan de caras y cuerpos perfectos, pura basura) pero... curiosidad si me daría.. aunque sumado a la depresión que pudo tener... pues quien sabe..
    al final vos solo quisiste tener ese recuerdo de como era ella, porque el como es ahora (no solo físicamente) es un resultado nuevo. Nunca son iguales las personas después de un accidente, cambian como cambian sus circunstancias... algunos cambian para bien otros para mal..
    Me recordaste a Forrest Gump, al teniente Dan Taylor...
    Besos y abrazos Rev.. me gusto tu post.. :)

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  2. Que triste historia, yo siempre elijo la negación y me evito sufrir las situaciones dolorosas.

    Me justifico diciendome que prefiero guardar un buen recuerdo y por ello no visito hospitales ni veo fallecidos y en este caso no creo que la hubiera visitado.

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  3. Muy buen post. Yo creo que todos tenemos historias tristes, lo importante es no dejarnos entristecer por ellas y, además, saber contarlas bien.

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  4. Gracias por tu comentario! Si soy una mezcla muy complicada ;)
    Besos.
    The Indian Savage Diary

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  5. Por un glorioso y levísimo momento, creí que esta historia tendría un final feliz...

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  6. Añorar muchas veces es lo que nos queda.

    Saludos!

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