24 abr. 2014

Los menores de edad y la hipocresía de los adultos

Cuando a la gente se le menciona el tema de los niños, o menores en general, es común que lo asocien con el concepto de inocencia, pureza, aprendizaje, y el no saber aún qué quieren y qué les espera por recorrer en el camino de la vida.

Lo anterior es una verdad a medias. Es cierto que representan un sector en desarrollo de la humanidad, que en diversos aspectos no ha alcanzado la plenitud. No obstante, resulta absurdo el que se les etiquete en términos de blanco y negro a conveniencia de los adultos.

En su desarrollo y educación


Desde que es un bebé, el ser humano atraviesa diversas etapas en que afinará su percepción sensorial a la par de su función motriz. Lo cognitivo se abre paso junto a las funciones físicas, para finalmente estar adecuado y funcional en su entorno. Pudiera hacer numerosas referencias a ello: Piaget, Klein, y muchos otros autores. Pero ésto no es para inundar de nombres y referencias que el lector tal vez no tenga tiempo o deseos de consultar.

Que baste la forma simple de decir las cosas: es así, como ya se dijo, que el menor aprende. Desde que es un bebé al que se le carga de brazos. Dejemos por ahora de lado la razón por la que haya venido al mundo; puede ser por los deseos de continuidad de los padres, u otros motivos comunes entre quienes en realidad no querían tener hijos pero de todos modos lo hicieron. El punto es que el bebé ahí está, aprendiendo de lo que está a su alrededor a cada momento; de sus padres y otros y de los elementos en el ambiente hasta que finalmente se le inscribe (si tiene suerte) a una escuela.

Los padres dan muchas veces las mismas respuestas cuando se les pregunta sobre las expectativas para su hijo. Rara vez encuentras a uno que diga que espera que se convierta en un adulto pleno sexual y socialmente que sepa respetar a otros y a su vez la libertad propia. Para nada; lo que comunmente se les ocurre es: "que tenga un muuuuuy buen trabajo, bieeeeen pagado, que estudie una carrera, que se case y tenga hijos también".

¿Les suena familiar? ¿Lo han oído de sus parientes, amigos que ya son padres, y otros? Seguro que sí.

No es que sea malo el que vaya a hacer eso en su vida, pero es sumamente triste ver que los padres estén ya trazándole límites a quien apenas está empezando a vivir. La grandeza tiene su inicio en una existencia pura como lienzo blanco. Y, oh sorpresa, ahí vienen los padres a dejar en dicho lienzo sus manchones de porquería de sus propias vidas. A decir que "mijito tiene que ser doctor", y otras necedades ya conocidas.

Por fortuna, aún en el régimen paternal más opresor ha nacido en los individuos a lo largo de la historia el ansia de ser ellos mismos. Si todos fueran obedientes y sumisos a los padres (lo cual te pintan como si fuera la más grande virtud) quién sabe qué tan atrasados estaríamos ahora. De por si el oscurantismo y la religión persecutora se encargaron de atrasaron varios siglos, esa sumisión habria acabado por sumirnos en la nada.

¿Cuál sería la obligación a cumplir de los padres maduros y responsables, y no hipócritas y convenencieros en lo que al aprendizaje de sus hijos se refiere? Seguro ahí entraría el intenso y conocido debate sobre impartir creencias religiosas versus científicas, o qué material es propio para exponer frente al niño y cuál no. Pero hay una forma sencilla de resumirlo: no tratarlos como estúpidos dándoles a creer cosas que en tu papel de adulto sabes que no tienen validez.

Tranquilos, no hablo de Dios. Me refiero a Santa Claus, el Hada de los Dientes, el Coco u Hombre del Costal. Hablo de ese imaginario automóvil o viaje que le prometen al adolescente si obtiene tal resultado, y al final fingen demencia o presentan mil justificaciones para no cumplir (cuando de antemano sabian que no se iba a poder). Hablo de esos padres que estando endeudados entre facturas de la casa, préstamos, gastos de los hijos, y cuentas médicas, siguen empeñados en decirle al hijo o hija que lo correcto es que de grande "se encuentre a una persona de bien, se case y tenga hijos también".

Me he topado a un sinfín de parejas que se manejan de esa manera con sus hijos. Y si lo piensan un poco, se darán cuenta que es absurdo que esperen buenas calificaciones y conducta honesta y apegada a la verdad de parte de sus hijos. ¿De veras? ¿Los mentirosos padres que gustosos malabareaban un engaño tras otro, esperando que el hijo responda con la madurez y honestidad que ellos casi nunca han mostrado?

Y por desgracia, cae todo en ese hoyo negro del "Haz lo que digo, no lo que hago". Ésto, querido lector, es igual o más grave que la violencia física contra ellos. Les hace presa de ambiguedades y cambios caprichosos en el criterio de sus progenitores. Y bueno, no es difícil imaginar qué tipo de adulto surge del infante que vivió a través de esos manejos. Dichos manejos provenientes de padres que eventualmente caen en el más ridículo y convenenciero proceder: decirle al niño que debe actuar como grandecito y como adulto, como hombre de la casa y responsable, pero a su vez (a la hora de que el niño quiera trato como igual y respeto) dejarle en claro que la respuesta es No, pues es sólo un escuincle y nada más. ¿Por fin?

Menores de edad, y el desconcertante limbo de la ley


Dejemos algo claro, primero que nada: toda aquella actividad dentro del espectro de corrupción de menores (abuso sexual, esclavismo y explotación, violencia y coerción, etcétera) es un delito. Injustificable, y aquel que les somete o convence para dichas cosas valiéndose de su ingenio o recursos a la mano, es un delincuente y debe ser capturado y procesado, y sus víctimas debidamente atendidas.

Habiendo aclarado eso, he de comentar: Qué polarizadas y críticas son las opiniones al respecto de la sexualidad del menor, ¿no lo creen? Sobre todo, porque en tales casos, famosos por ser captados y manejados con extremo sensacionalismo por los medios, se olvidan siempre de dar el beneficio de la duda que debe estar presente en toda investigación-peritaje.

Además, recordar nuevamente que el niño o adolescente no es un objeto o propiedad por el hecho de tener menos años que la considerada "edad adulta" o mayoría de edad. Se trata de un individuo que en mayor o menor medida tiene ya desarrollado un concepto del bien y el mal, del deseo y rechazo, y del vínculo y contacto con otros.

Se preguntarán a qué viene todo esto. Lo menciono por un caso que tuve oportunidad de analizar, manejado por uno de mis maestros. Y es fecha que guardo presentes ese y otro más (por encima de otros que años después pude ver) como ejemplo de lo que es la errónea percepción de las masas, y lo peligroso que es dejar las investigaciones en manos de prejuiciosos. Mi maestro de la facultad fue perito investigador de la Procuraduría General de Justicia, y previamente del ejército, donde incluso llevaba a cabo interrogatorios a soldados apresados por la acusación de colaborar con el crimen organizado.

En ésta labor de perito, más relajada que aquella que tiene que ver con la milicia, manejaba asuntos penales de indole doméstico en su mayoría. El caso cayó en sus manos cuando estaban ya por darle el famoso cierre y carpetazo que tanto le gusta a jueces y abogados. Un hombre estaba detenido, acusado de abusar sexualmente del hijo de 14 años de su novia-pareja. El tipo era empleado de una cadena de supermercados, y argumentaban que en una de tantas veces que el niño le acompañó a la tienda, lo llevó al baño a bajarle los pantalones y abusar de él.

Una imagen horrible y desagradable, ¿verdad? Todos los que querían darle término al asunto lo pensaron también. Y como casi siempre pasa, la predisposición a ver al pobre e inocente niño mancillado en su pureza por ese espantoso y terrible adulto que no tuvo empacho en llevar a cabo su horrendo crimen.

Dramático en extremo. El asunto es que la acusación era falsa, no hubo tal abuso y tampoco la intención de.

Mi maestro procedió a llevar a cabo la aceptación de cargo como perito en el juicio, y llevó a cabo los interrogatorios como deben ser: directa y profesionalmente, de forma analítica. Por su parte, policías y otros creian ser poseedores de la verdad y afirmaban que ni era necesario volver a cada detalle otra vez. Muchos sabemos sobre policias en Mexico y su costumbre de tomar al inocente por culpable y viceversa; y pueden creerlo, resultan en su juicio menos confiables que los propios delincuentes en ocasiones.


Sin hacerles más largo el relato, el niño acabó por decir la verdad. Y finalmente con esa declaración, todo coincidía. Las lagunas de información producto de las declaraciones falseadas quedaron disipadas para finalmente dejar en claro que la mujer habia aleccionado al menor para que mintiera en perjuicio del hombre. ¿La razón? El enojo de la mujer al enterarse que el sujeto se habia hecho amigo de una bailarina de table dance y que sostenía relaciones sexuales con ella.

Al final del interrogatorio, el menor hasta se carcajeaba hablando de cuando refirió el "dolor en su culito", y dejándose palmear y tocar en los hombros a modo de juego por los presentes, una conducta ciertamente no afin con la de una verdadera víctima de abuso sexual. El acusado la vio muy cerca. Demasiado. Un tipo taimado, un bobo cachondo infiel a su pareja, pero a fin de cuentas inocente de lo que se le acusaba. Todo por un sistema legal viciado, pero sobre todo por una conceptualización errónea de lo que un menor es capaz de saber, hacer, y decir.

Ahora imagina, lector, que te hicieran eso a ti. O a uno de tus seres queridos. Peor aún: que no llegase alguien creyendo en que el acusado tiene derecho de réplica, solo porque ese sagrado halo colocado por la sociedad sobre la cabeza del menor brilla más que la lógica para ellos. Piensa ahora en otros casos, donde menores de edad secuestran, disparan, y violan (y ahí si violan de verdad), y lo que reciben es una palmada en la mano y una estancia en un club social llamado Tutelar de Menores, con un tiempo de encierro que es risible en comparación con el daño que hizo. Por esto es que no es tan descabellado como muchos creen el debate sobre el reajuste de la edad penal.

No acaba ahí la incongruencia legal en cuestión a los menores de edad. ¿Han visto, ahora que mencionábamos a los delincuentes, que cuando se les arresta y se les presenta es común que al niño o adolescente le difuminen la cara con cuadros o un borrón en la imagen? Según las autoridades, es por la protección a su privacidad y derechos. Lo primero que he de decir al respecto es: qué frágiles y volátiles son los mencionados derechos y privacidad, si basta el cumplir 18 años (o la que sea la mayoria de edad, segun el pais de residencia) para que no se les tome en cuenta y se exhiba a la persona ahora si a discreción de los medios.

Y qué curioso eso, lo de no mostrar los rostros de los menores y el secretismo casi a nivel tabú cuando están en noticieros por algun incidente de indole policiaco o legal. Uno esperaría entonces que se aplicara de forma uniforme en lo que es el contenido visual publicitario, ¿no? A fin de cuentas, la cara de un menor es la cara de un menor, sea cual sea el contexto en que aparezca.

¿Qué hay, entonces, de los que usan bebés y niños, para comerciales en la televisión? Peor aún, poniendo palabras en su boca, y a veces incluso poniéndoles voz de adulto?

¿Y los niños que aparecen en anuncios panorámicos, folletos, y otro material impreso? Incluyendo esos "eventos de belleza" para pequeños y anuncios panorámicos de "EXPO-NIÑOS" que más bien parece que están invitando a una enferma convención de trata de menores.

¿Y los menores de edad usados en spots y promociones de partidos politicos y sus candidatos?

Si la misma ley deja en claro que para ellos, el menor no sabe ni qué quiere y no tiene capacidad de decidir, no puede argumentar entonces que los que aparecen en todo ese material están conscientes de lo que aceptaron. Son sus padres quienes saben, en todo caso. Y quienes se embolsan el poco o mucho dinero que haya salido de eso, obvio.

Y luego se preguntan por qué algunos hijos se les fugan, se rebelan y cometen desatinos, o (en algunas naciones) terminan tomando la decisión de demandar y emanciparse. En un mundo tan ilógico que les exige portarse como adultos, y de pronto otra vez someterse a su papel de menores (equiparable a una pertenencia), no es justificable pero sí comprensible.

Conclusión


La actividad y libertades de los niños entre éstos, y con los adultos, es siempre un tema sensible. Una larga tradición busca mantener como regla que los niños no entienden ni sienten nada relacionado al pensamiento propio, el placer, y lo correcto e incorrecto. Pero se trata de tiempos actuales, donde ese velo cubriendo al menor debe finalmente retirarse y otorgarles el respeto real que se merecen: no mentirles, no manipularles, y en verdad poner esmero en educarles y abrir sus ojos al amplio espectro de la realidad.

El menor, sea niño pequeño o adolescente, no es un objeto sujeto a título de propiedad como una casa o un auto. No está desprovisto de entendimiento y percepción, y el tratarle como si así fuera constituye un grave error. Si en verdad se espera que dichas generaciones sean "de un brillante futuro", se les debe dejar de poner etiquetas y atribuciones inexactas y tratarles como lo que son: seres humanos creciendo, en camino constante a experiencias y responsabilidades nuevas.

...

12 comentarios:

  1. Comparto tus reflexiones y me ha gustado mucho tu publicaciòn

    un abrazo

    fus

    ResponderEliminar
  2. Cosas así dan ganas de hacer abuelo de manera directa.

    Bromas de lado, uno no suele pensar tanto en ello... suena raro, pero siempre he pensado que es por el pensamiento católico, no religioso, si no el modo de vida, que tiene el mexicano. La cultura de la penitencia con pago y servicio y no por cambio y aprendizaje. Bueno, eso pienso... un saludo.

    ResponderEliminar
  3. @oscar: ¡Dices bien! Y de hecho, quise puntualizar la diferencia entre verles como un ser humano en desarrollo, en vez de como un adulto en desarrollo. La etiqueta de adulto implica ahora más excesos e inexactitudes que nada. Que los niños sean niños, exactamente. Y que se les respete como seres pensantes y con sensaciones y emociones.

    Lo que mencionas de la plenitud a los 20, hay un sinfin de factores en juego que no permiten aseverarlo del todo. La percepcion moral y de lo correcto e incorrecto está desde mucho antes; es la misma sociedad la que lo tapa y dice "es menor, por eso no sabe lo que dice/hace".

    Hay un periodo en que la experimentación del infante ya concluyó y saben bien lo necesario que es el cuidado y respeto a otros y a si mismos. Ojalá en un futuro se les permitiera desarrollar esa plena conciencia y no tuvieramos que ver menores delincuentes o cometiendo errores garrafales porque nunca se les dejó ser niños, ni adolescentes... y tampoco adultos, quedando en un limbo.

    ResponderEliminar
  4. Los niños entienden mucho más de lo que se piensa, ahora, la percepción del mundo es acorde a su edad, más o menos.
    Porque cuando dicen que los niños dicen la verdad, yo tampoco lo veo así. Ellos dicen su verdad.
    Mentir a los niños suele dar como resultado, adultos mentirosos.
    Ni adultos ni tontos, como dices tú, son personas en desarrollo.
    Y los niños son inocentes, me refiero de pequeños. Es muy fácil para un adulto engañarlos. Por eso no tienen perdón quienes lo hacen.
    Muy buena entrada, Alexander.
    Yo también te digo que es un placer leerte.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  5. Muy de acuerdo. Gran texto, as usual.
    Saludos.

    ResponderEliminar
  6. Me dejaste mucho en que pensar. Sobre todo en la forma en la que fui educada, y sigo siendo educada... tengo veinte, pero a veces jurarían que me comporto como de quince. Hoy hasta me pidieron IFE para comprar cigarrillos. Pero, el punto es... ese. Cuando llegas a esta edad y toda tu vida fuiste tratado de esa manera tan protectora y sobre todo codependiente es difícil salir... o hacer las cosas por uno mismo. Buenas noches Mr. Strauffon.

    ResponderEliminar
  7. Como siempre abordando de manera objetiva los temas, como en este caso, muchas personas podrían fácilmente caer en la tentación de sacar conclusiones apresuradas. El caso del niño, es sin lugar a dudas, complejo y preocupante.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  8. Es muy común escuchar que "los niños de ahora" son más listos que los de antes, pero eso es ilusiorio. Creo que los niños siempre han sido listos, pero los adultos no queremos verlo y nos sorprendemos cuando lo notamos y tienes razón al decir que no debemos ponerles etiquetas y atribuciones inexactas.

    Cuando mencionabas lo del vacío legal recordé los casos de niños asesinos y de lo chocante que resulta a veces esta idea, pero es una realidad, nos guste o no.

    Y sí, resulta absurdo que por el sólo hecho de ser menores de edad sean hasta cierto punto intocables en ese aspecto, si lo que se pretende es enseñarles a enfrentar las consecuencias de sus actos.

    ResponderEliminar
  9. Vaya artículo más interesante, la verdad es que si, los niños son eso, niños no estupidos ya es hora de que les dejen de mentir con santa claus y el raton de los dientes. Los niños piensan y tiene cripterio propio y estupido tratarlos como idiotas a veces y otras como adultos dependiendo la situación.

    Y si como dices esta hipocrecía es lo que provoca situaciones como la que sufrio el hombre del caso que dices. También me hiciste acordarme del anuncio ese que salio hace unos años de los niños inconformes, y toda la gente bien asombrado y hablando del tema, sólo porque los niños actuaron tal cual el papel que se les pidio.... no es realmente su opinion, solo interpretaron un guion y ya.... pero la gente decia...a es que niños inconformes...etc...

    Saludos.

    ResponderEliminar
  10. Yo conocí una tipa a la que su padre le jodió la vida, ya que siempre le dijo que ella debía casarse con un hombre rubio, ojos claros, rico, exitoso, con estudios, educado, de preferencia extranjero, etc. También la hizo creer superior sólo porque el le dio estudios, auto, le consiguió plaza de catedrática ya que él era catedrático retirado... en fin, que la tipa se lo creyó. Y ¡oh sorpresa! Ya va a cumplir 40 años y ¿adivinen qué? Exacto, sigue soltera. ¿Por qué? Porque siempre consideraba "inferiores" a la gente sin dinero y/o sin estudios, y porque toda su vida se la ha pasado buscando tipos rubios de ojos claros, con o sin dinero, la mayoría extranjeros, que la han tratado con la punta y ella ahí seguía soportándoles todo. Y todo por la clasista y racista "educación" que le dio su sacrosanto padre.

    En el caso de los delitos cometidos por los menores de edad... es un tema complicado porque existen ejemplares que saben perfectamente que está cometiendo un ilícito. Por ejemplo, los que roban/matan/venden droga y están tan tranquilos (por ejemplo, el tal "Ivancito" aunque actualmente tendrá unos 21 o 22 años) O hay chicas que por maldad o por trepadoras fingen abusos cuando en realidad no existieron como tal. Ahí está la puta de Dayana Guzmán (o como se llame) que inventó que el tal Kalimba la había violado, y cuando cumplió la mayoría de edad, apareció en la Playboy y aproechó todo el escándalo para aspirar a ser famosa. Y hay miles de Dayanas en el mundo que se aprovechan de su minoría de edad para hacer cosas abominables, para extorsionar, para llamar la atención, etc.

    ResponderEliminar
  11. Esto me recuerda un risible estudio de una catedrática española sobre la violencia sexual en Andalucía en el siglo XIX. En ella se determinaba que parte de esa violencia incluía el matrimonio de adolescentes con hombres mayores que, al estar desarrollados en sus partes, hacían daño a sus diminutas esposas. De milagro no vomité cuando lei eso, y discúlpenme por ser grafica. Hay quinceañeras altas, de pelvis amplías o caderonas, que están perfectamente dotadas para recibir varón. En cambio, hay veinteañeras menudas y delgadas a las que hay que tratar con más cuidado. Incluso hay adultas a las que se les estrecha el canal vaginal por falta de uso. La verdad es que resultan aberrantes este tipo de tesis. Y mi única conclusión es que como no hay bases firmes no se puede hablar realmente de una edad de consentimiento general.

    Pero mas que aberrante es la hipocresía inherente a la moralidad progre. Es sabido que en el Oriente, Brasil y en otros países se consiguen placeres exóticos creados para la satisfacción de ricachones decadentes. Incluso se ha inventado el termino “turismo sexual” para visitar sitios como Japón o Tailandia en busca de estos placeres que abarcan la posibilidad de gozar de adolescentes o incluso niñas. Sin embargo, ese turismo no existiría sino hubiera enfermitos mentales occidentales que lo solicitan y pagan por eso.

    La mayor ironía de este cuento, es que el globo terráqueo se ha divido entre un Tercer Mundo que incentiva la pedofilia para lucrar a costa de sus niños y de los clientes occidentales, y un Primer Mundo en el que se grita y legisla contra lo que se cree es pedofilia, pero al mismo tiempo se estimula la precocidad sexual de los niños, y se les erotiza para que se conviertan en un fruto prohibido muy tentador, pero también manipulador. Esa es otra de las sádicas paradojas de nuestra ridícula sociedad progre.

    ResponderEliminar

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...