23 jul. 2020

El taxista triste


Una de las cosas que es común que me ocurra es que me toquen relatos interesantes cuando viajo en un taxi, Uber, o semejantes. Algo ve el conductor que le da confianza sin que le haya dicho yo algo todavía, y se abre como una fuente de palabras. Ahora pienso que cada una de esas ocasiones debería haberlas documentado, pues aunque sé que me tocaron anécdotas únicas, algunas veces venía demasiado cansado, preocupado, o de plano ebrio, y al paso de los días y sin tomar nota de ellas, se me olvidaron por completo. Solo un par de veces lo escribí para la posteridad, y así es como hablé en el pasado sobre el taxista ex-militar, y del nada agradable taxista traumado con el tema del aborto.

Esta vez y por circunstancias que sobra mencionar, tuve que salir a varios lugares. Estaba en una plaza comercial cuando fui a mi último asunto, y ya estaba por regresar a casa. Cuando salí de ahí, justo en la entrada estaban estacionados los taxis de ahí mismo de la plaza, así que me subí a uno de ellos. El cansancio por el trabajo y el no poder dormir bien se me notaban desde lejos, estoy seguro, porque el señor del taxi me hizo un comentario al respecto de inmediato, y hasta preguntó cómo me sentía al ver que de pronto se me cerraban los ojos y cabeceaba. De ahí surgió la plática informal que ya todos sabemos: el clima, el trabajo, el estado actual de la política y sociedad tanto del país como internacional, y al final la confesión o apertura de parte del taxista de la que antes hablé: esa confianza súbita que no se por qué sientan conmigo sin decirles aún ningún antecedente mío ni nada. Muchas veces he dicho que debe notárseme en la cara lo apaleado por la vida misma al grado de identificarme como hermano de los caídos. Así que, hilando un tema general o común a otro, de pronto tuve la confesión del hombre sobre lo que le aquejaba y ocupaba su pensamiento esa noche, y lo más probable es que por las últimas semanas también, quizá meses.

Me contó cómo tiene una pareja mucho más joven que él, cosa que no tiene nada en particular. Se habían casado hace un buen tiempo. Ahí es cuando miré al taxista para calcular su edad, y sin poderlo asegurar y mucho menos decirlo en voz alta, calculé que tendría unos 60 años. Por lo que expresaba, se notó que sí quería en verdad a la mujer. De inmediato se fue al tema económico, de que actualmente estaba teniendo dificultades y estaba teniendo que trabajar tanto en el taxi como en otro lugar, para poder completar para sus gastos. Ahí es donde hace el primer comentario que me da una idea del tipo de mujer que tiene: que ella sí trabaja, pero que tenía que pedirle prestado. Y dije: momento, ¿qué no comparten los gastos dado que viven juntos y están casados, y ambos trabajan? Lo vi en su rostro que sabía que iba a preguntar yo eso y al principio como que quiso evadirlo con otras cosas.

No insistí (porque a fin de cuentas, qué me importa, podrá decir más de uno), pero después él solo quiso volver al tema y me platica, incluso justificándola, diciendo: "Es que yo así la acostumbré. Ella trabaja y gana más que yo, pero pues su dinero es para ella y el que se hace cargo de todo soy yo. Y pues ella así me dice, que yo así la acostumbré". Qué triste y patética sumisión, pensé. Pero la peor parte estaba por venir, porque el hombre me contó que en resumidas cuentas había tenido que negociar con ella el que se hiciera cargo de las cuentas de la casa y pago de deudas por al menos 6 meses, y que él se lo iba a pagar. La tipa no estaba nada contenta con eso y decidió que a la hora en que se lo pagara de vuelta, que iba a ser con intereses también. Aquí mi cara ya era entre incredulidad y encabronamiento. No es posible, el cinismo y desfachatez de la vieja infeliz, pero así justo era. El pobre hombre me contó que de plano le había dicho que en tal fecha que iba a recibir un dinero por una suma de inversiones que hizo y aparte su pensión que tenía tramitando no sé desde cuando, y que entonces le pagaría de vuelta lo que hubiera gastado, mas el 50% de la cantidad. Sí, como lo leen. Cual si fuera un banco o similar, o una usurera rompe-piernas, pidiendo un porcentaje de interés.

Con eso último del 50% de interés que dijo hasta sentí rígida la cara, adivinando la expresión de disgusto que debía estar haciéndole al taxista. Se detuvo tantito en su relato para la plática recíproca. Es decir, preguntarme sobre mí, si había tenido alguna situación similar, si soy divorciado o algo. De forma cortés le doy un mini-resumen sincero al respecto. Y es que si el hombre está abriéndose conmigo sobre algo que sin duda le hace objeto de juicios y regaños de parte de sus amigos y familia, por qué no habría de darle algo a cambio. Le conté que nunca he estado casado, que no tengo hijos (cosa en que coincidimos, según me hizo saber de inmediato), y que cuando casi terminaba la carrera tuve una novia de ahí de mi misma universidad con quien sí me hubiera llegado a casar, pero que me dejó. Cuando me preguntó si solo con ella lo habría considerado, le respondí que no, que no fue la única con quien lo hubiera considerado en mi vida. Pero que luego de esos casos en particular y que a fin de cuentas no se dio, el tema lo dejé atrás ya en un punto definitivo.

Quiso saber si me vi en una situación similar alguna vez y le dije la verdad, que sí. Algo que le dije y que a muchos otros les he dejado claro es que odio que la gente ajena juzgue cuando uno anda con alguien más joven, sobre todo porque: 1) Qué carajos les importa, y 2) En el fondo, y aunque digan que no, ellos mismos quisieran una relación así. Si ambas personas son adultas y hay mutuo consentimiento, el ver a la gente haciendo los mismos comentarios idiotas y metiches sin tener cara como para andar juzgando es algo desagradable. Sobre todo porque hay parejas así donde sí ha funcionado y siguen juntos, y me las he llegado a topar en directo y no solo de oídas. Pero la verdad sea dicha, algunos puntos que se señalan sobre las relaciones entre mujer joven y hombre más grande sí son verdad en muchas ocasiones, como el darte cuenta que eres solo el sugar daddy sin saberlo, o de plano eres su pendejo, con todas sus letras. Se lo dije así tal cual poniéndole como ejemplo que yo también tuve una relación donde la chica de plano quería imponer eso, que fuera yo un cajero automático y ella además de no gastar, poder salir con quien quisiera (una relación abierta, vaya), poder irse a sus viajes con sus amigas sin que yo pudiera ni preguntarle qué hizo, etcétera. La diferencia es que con todo y lo que me gustaba, yo sí le puse fin. Ni siquiera digo que terminé la relación porque ni estoy seguro de que hubiera una en primer lugar. Pero en definitiva, no iba yo a caer a un punto bajo en el que he visto caer a muchos: la sumisión, la desmasculinización, y la mandilonería, llegando hasta el punto de ser alguien a quien andan engañando a sus espaldas, y encima saber que no es alguien con quien vaya a contar cuando ocurran cosas difíciles en el futuro.

Le llegó hondo el comentario al hombre. Al ver que sus ojos empezaron a verse llorosos sentí hundirme en el asiento por la incomodidad. Dijo que eso le sucedía también, que su esposa se iba de viaje sola o con sus amigas, y que él no preguntaba nada porque de todos modos no le diría la verdad, y que quizá incluso no querría saberla si es que se la fuera a decir. Pero era notorio el dolor del sujeto de solo verle en la cara que por mucha negación que quisiera hacer al respecto, ya era evidente lo que andaría la esposa haciendo y de lo que tal vez se habría ya enterado él de alguna u otra forma. Ya ven que nunca falta la manera en que te llegue el chisme de algo, y mas si involucra engaños o traiciones. De ahí mencionó de paso el hecho de que lo trata de forma irrespetuosa cuando están reunidos con otra gente, no tiene el detalle de consolarlo o darle apoyo cuando le ocurren cosas que le afecten, y una vez hasta se fue de viaje y lo dejó solo en su casa recuperándose de una cirugía. De hecho hasta me dijo que tenía ya arreglado lo de tener enfermeras yendo a casa Le di algunas palabras de ánimo de la manera en que logré improvisarlas, porque debo decirlo: el pobre exudaba tristeza. Mucha gente acostumbra solo sentir empatía y pena extrema ante cierto tipo de casos, y rara vez es con un hombre físicamente funcional. Pero aquí pude ver que estaba oyendo hablar melancólicamente a la ruina de un ser que hacía mucho tiempo dejó de sentirse pleno.

Lo anterior no tiene que ver con la edad, como muchos creerían. Hay gente de 25 o 30 años que me he encontrado con ese vacío (aunque por motivos diferentes), y por otro lado, a gente en sus setentas con dicha y ánimo aún. Lo siguiente surgió como cascada, contándome que ella ahora está por llegar a los 40 y que para él significaba lo mismo que cuando recién habían empezado su relación; o sea, ella entre 18 y 22, deduje, en base a otros detalles que mencionó él sobre la mujer yendo a sus clases de la carrera y eso. La forma en que la describió, hablando de lo bella y simpática que era a sus ojos en esos tiempos en que estaba joven me hizo recordar mis propios enamoramientos del pasado de forma inevitable. Lo comprendí, y a la vez vi no solo con pena, sino con asombro al notar que dentro de este hombre estaba aún esa forma de amar y de ver a alguien: con ese afecto (o infatuación, según lo vea uno) y adoración desmedida propia de esos amores intensos que uno vivió de adolescente, sobre todo cuando es el primero. Sobre todo por la forma de describirla a ella y un par de recuerdos de su relación en sus inicios que me compartió.

Y digo que lo vi con asombro, porque lo digo de nuevo, no quiero parecer incisivo con la edad (sobre todo porque detesto a quienes sí lo son), pero cuando uno se encuentra gente ya en esos años en una relación así, lo común es que sea alguien ya hastiado pero pegado como siamés ahi con la pareja, porque es el inmaduro que tiene una esposa-mamá a su servicio, o el que pone de pretexto estar por los hijos o por alguna otra cosa, pero que en realidad no se va porque sabe que ya su mejor tiempo pasó, será difícil o imposible conseguir a alguien más, a menos que sean aún guapos o tengan dinero; y no quieren quedarse sin compañía fija para el resto de la vida. En vez de eso, estaba frente a mi alguien que no se quedó ni aguantaba las cosas ni por miedo a irse y no hallar a alguien más, y obviamente tampoco por buscar cuidados de ella, ya que aquí no aplica. Es, en pocas palabras, alguien que en desproporción le da de amor el 100% a su pareja y deja un 0% para sí mismo. Este hombre me recordó a ese cliché del poeta ya mayor, el que ante el azote del tiempo conserva esa alma de artista tan soñadora y atesoradora de ilusiones, amando aún a esa cruel y desconsiderada musa que antes era la chavita de universidad bonita, de simpática sonrisa y linda figura que conoció.
Leer Completo ...

14 jul. 2020

Un juego de escoger tres cosas


Me topé en mis redes sociales la imagen que acompaña este escrito. Un juego de imaginación simple que consiste en escoger tres cosas de la lista que presenta. Y vaya, yo estoy contento con el solo hecho de ver algo distinto a memes políticos o de pseudomovimientos de justicia social ausentes de lógica, lo cual parece ocupar el 90% de todo espacio en línea. Así entonces, lo simple se vuelve un gusto. Y dije: "¿Por qué no? Voy a matar el tiempo imaginándome que haría con esto". No soy un extraño a juegos con la imaginación. Ya me había planteado escenarios del fin del mundo, mi vida como un rockstar, e incluso qué haría si adquiriera los poderes de Dios. Este es algo más sencillo de hacer.

Nos dice entonces que de las opciones en forma de "pastillas" de la lista, que son nueve, uno podría escoger solo tres para sí. Claro que esto varía ya dependiendo de qué prioridades y gustos tiene cada quién, en este caso les cuento los míos y cómo llegué a esa decisión. Las opciones son las siguientes:

1) Salud perfecta
2) Escoger/conservar un tipo de cuerpo
3) Super fuerza
4) Curar enfermedades de otros
5) Super inteligencia
6) Hallar el amor para siempre
7) Hablar con seres queridos ya fallecidos
8) Cambiar cosas del pasado
9) Dinero ilimitado


Como decía, para mostrar cómo es que llegué a decidir los míos, primero voy a nombrar los que dejé descartados, y ya al final los tres que escogí, y por qué lo hice. Los eliminados fueron:

Escoger/conservar un tipo de cuerpo

Muy poco benéfico, y su única propiedad llamativa es para para justificar al flojo o alguien sin una pizca de voluntad o disciplina. Claro que suena atractivo al inicio, sobre todo a quien conoce lo que es el sufrir por haberse vuelto gordo. Pero vean lo que se ofrece aquí y qué tan poco es: solo conservarás la figura, ya sea delgado, o con músculos, o lo que sea. Pero eso no impedirá que envejezcas, ya que no viene mencionado o incluído. Y no es algo del otro mundo; es algo que, con disciplina y dedicación, puedes mantener. No conviene desperdiciar un deseo en este.

Curar enfermedades de otros

Ya sé, va a parecer que soy un mierda que no quiere ayudar a los demás, pero no es por eso. Si se fijan bien, no indica de qué manera podrías sanarlos. Suponiendo que sea instantáneo, todavía queda por aclarar si sería uno por uno y teniendo que estar tú presente, o a distancia y tan solo con el pensamiento. Además de eso, lo eliminé porque mis opciones cubren también la ayuda a la demás gente también.

Super inteligencia

Ya hubo muchos con ella en el mundo. Y no se les apreció o se les hizo caso todo lo que debían. Además, es sabido que entre más inteligente, se es más desdichado en la vida.

Hallar el amor para siempre

No explica por qué dice "para siempre". Si implica que nos volverían inmortales a la mujer que llegue a ser mi pareja y a mí, entonces sería la primera que habría escogido. Pero no es así. Entonces, dos cosas: o no es para siempre, porque envejeceriamos y tarde o temprano uno dejaría de estar y después el otro, o tal vez con todo y que ella me ame por siempre y no se muera, el que termine aburriéndose sea yo. No es buen negocio esto. ¡Siguiente!

Hablar con seres queridos ya fallecidos

No explica si eso los perturbaría a ellos, ni si estaría hablándoles "de lejos" como lo haría un médium o alguien con una ouija, o si estarían de forma física en el mismo espacio que yo, además de que no hay alguna cosa que me haya quedado pendiente por decirle a alguno. Por eso es muy importante siempre decirle a la gente lo que necesitas decirle sin postergarlo mucho. Además, una de mis opciones escogidas cubre en cierta medida los asuntos sobre seres queridos.

Dinero ilimitado

¿Sorprendente, no? Muy raro ver que descarte algo que casi todos deseamos de manera constante, ya sea el desear ganar la lotería, meditar sobre qué harías al ser dueño de millones, etcétera. Pero ya lo tengo cubierto también.

...

Y bueno, esas fueron las que no escogí. Por mera lógica, ya con eso se nota cuáles sí quise. Pero como dije, iba a incluír mi explicación de por qué:

Salud perfecta

Sin salud no eres nada. Es posible que alguien bastante joven aún sintiéndose fuerte y con energía siempre, al que le presentaran la lista, dejaría esta opción de lado, y sería muy estúpido el hacerlo. Para disfrutar de las cosas de manera larga y segura requieres de esto antes que todo lo demás. Saber que estás limpio y libre de cualquier cosa y funcional al 100% es lo primero que escogería.

Super fuerza

No podía resistirme a tener algo relativo a un superhéroe. Sobre todo algo tan aplicable a varias cosas, tanto buenas como malas, según llegara a necesitarse. Claro que lo usaría para cosas buenas, no anden pensando mal de mí. O bueno, digamos, casi siempre para cosas buenas...

Cambiar cosas del pasado

Esta es la mejor opción de todas, y no podría jamás entender a alguien que decidiera no tomarla. Ya andaría en mi más añorada década, y en otros tiempos a su vez. Gracias a esta maravillosa opción y sabiendo acomodar las cosas de forma estratégica a la vez que prudente, de ahí obtienes el dinero ilimitado (una pequeña modificación a los resultados de la lotería, ¿ya ven?), manejar tus asuntos con tus parientes aún vivos en ese tiempo anterior, alterar las situaciones que favorecieron la aparición de alguna enfermedad o tragedia, e incluso toparte con quien resultara el amor de tu vida. ¿Ven lo que les dije que sí tenía esos asuntos cubiertos a fin de cuentas? Obvio que tendría uno que ser analítico y cuidadoso para no terminar aventándose un drama estilo Efecto Mariposa. Cada modificación debería revisarse minuciosamente, porque el más mínimo cambio tendría ramificaciones que en ocasiones uno no podría ni imaginar. Difícil, pero de que sería posible lograr algo bueno, lo sería.

¿Y qué tal tú, lector? ¿Te animarías a contar qué "pastillas" escogerías, y por qué?
Leer Completo ...

1 jul. 2020

La historia de cómo me volví gordo


- "Mira nadamás. Así es como le has dado en la madre a tu cuerpo hasta ahorita,¿cómo ves?"

El tiempo: últimos meses del año 2019. Lugar: uno de los hospitales en mi ciudad. Como otras veces he comentado, vengo de una familia donde abundan los trabajadores de la salud. El doctor me habla con esa familiaridad sin ningún problema. Sobre todo porque al haberme hecho las últimas pruebas de imagen, ahí tenía él todo en la pantalla de la computadora del consultorio, dejando que lo viera mientras palabra por palabra iba detallando los daños que mi flojera, negligencia, apatía, y estupidez permitieron.

Aquí aclaro algo: sin tener que dar mis medidas e historial específicos, puedo decirles que soy alto. De no ser por mi estatura, el problema del peso se notaría más. Y no estoy en el punto mórbido tampoco ni invalidante. Tengo la famosa "barriga chelera", el abdomen enorme que suele asociarse con los que han engordado en base a meterse cerveza tras cerveza como si no hubiera un mañana, y terminan viéndose como una mujer con ya 9 meses de embarazo. Ese es mi bulto, mi "bebé adiposo" que en el presente cargo a todos lados. Las excusas siempre existen. Por supuesto que hay ciertos padecimientos médicos que hacen engordar a la gente y esos son la excepción, y dichos pacientes son aparte. Pero en su mayoría, y es algo que incluso los negacionistas saben bien, engordamos porque en cierto momento de la vida nos topamos con un pretexto para no hacer el ejercicio físico requerido, y encima nos acostumbramos a comer lo delicioso y más a la mano que nos encontramos: o sea, lo que engorda. Y por ello es que bajar de peso está en la lista de cosas difíciles de cumplir para cualquiera.

Más de una vez me ha sucedido que escucho a alguien sin algun padecimiento médico subyacente que está gordo como un planeta, y se da gusto poniendo pretextos sobre ello. Ya saben, como algunos de los que aparecen en el programa My 600-lb Life (Kilos mortales). Quienes tienen antecedentes de sufrir abandono o maltrato, se respeta la seriedad del asunto. Pero el que se vuelvan además negligentes y se acostumbren a usar esa parte de su vida como excusa y no pedir ayuda profesional, les hace sus propios verdugos. Siguen haciéndose a si mismos el daño que iniciaron otros en aquel otro tiempo, y lo triste es que lo tienen a nivel consciente solo a medias.

En mi caso, por fortuna no hay antecedentes ni de algún problema físico favoreciendo el no poder bajar de peso, y tampoco historial de maltrato u otra cosa horrible en mi vida. Soy tan solo un tipo que se volvió flojo y se creyó que ese super metabolismo duraría siempre, y ya en el recorrido de los 30's se me ha dejado claro que no es así. Logré perder algo de peso el año en que tuve que ir a la consulta que comencé describiendo, para después sufrir el famoso rebote apenas dejé de ir a ejercitar y volví a los antiguos hábitos. Así que mientras otros cuentan sus historias con drama para después llegar a un final feliz, esta que les cuento y es la mía no tiene nada de eso: es bastante común, sin tanto drama; no porque no tenga drama mi vida, de eso tiene un montón, pero en cuanto a drama involucrado a la gordura y eso, pues no.

Cuando aún era delgado, vaya que lo era, debo decir. Era como un espárrago, e igual de flexible. Así lo fui toda mi niñez, adolescencia, y primeros años de adulto joven. Además de tener un muy buen metabolismo (no tan bueno como el de los que son benditos en su genética y lo conservan hasta ya mucho más grandes, pero aún así bueno), contaba con el ejercicio que hacía en el karate, al cual iba desde pequeño. Siempre solía decir que si había algun pequeño aumento de peso asomándose por ahí, me lo bajaban a punta de madrazos en la siguiente vez que me tocara ir. Y bueno, entre esa actividad y un metabolismo aún excelente, no había ni asomo de ese problema. Me acuerdo incluso que veía yo el sobrepeso como un problema "de otros". Algo que nunca me iba a pasar a mí. Y pues, si pudiera hablarle a mi yo de aquel distante pasado, diría: "Oh, ternurita. Déjate de mamadas. Jamás dejes de hacer ejercicio, y deja de tragar tanto pensando que eres indestructible, cabrón".

Llegó el punto en que por trabajar para poder traer algo de dinero, querer tiempo para estar con quien era mi novia y aparte con amigos, y por supuesto ir a clases, decidí recortar de mi vida algunas cosas, y entre ellas se fue el karate, mi único ejercicio. Y aunque al principio solo se notó una muy pequeña barriga aguada, no era algo que viera como algo alarmante. Pero entonces cometí el segundo y definitivo error: meterme a trabajar en un restaurante de comida rápida. Esto se lo aconsejo siempre a cualquiera que quiera hacerme caso: nunca trabajen en un lugar así. Aparte de la mala paga y jefes insoportables, el riesgo de engordar por estar ahí es muy grande. En ese sitio en particular donde estuve puedo decir que lo único que me gustó fueron las fiestas que se hacían con los otros empleados de ahí. Un deprave de fiestas que ya en otras veces escribí mencionándolas, pero no es el tema en esta ocasión. Dejando de lado esa única cosa buena del puesto, estaba el problema de ir engordando a medida que seguía trabajando ahí.

A lo largo de mi turno empecé a hacer lo que muchos: estar tragando a cada rato. Cada que salía algo de las freidoras, era siempre agarrar un poquito. De lo que fuera. Ni siquiera era por hambre que lo hacíamos, la mayoría, sino por la mala costumbre. Y ahí estaba entonces, comiendo poco a poco a lo largo del turno algo que era puros carbohidratos, sumando a cuando llegaba mi hora de comida, en la cual comía de lo mismo que ahí se vendía. A esto se agregó algo que fue estupidez única mía (siempre resaltando y haciendo la diferencia, yo), porque esto sí fue algo que otros no hacían: por el calor que hacía de las freidores, tuve la brillante idea de estar tomando refresco siempre. Me la pasaba sudando, debido a que de por sí soy poco tolerante al calor, y aquí estaba en un lugar cerrado con freidoras. Al paso del tiempo seguí cometiendo esa imprudencia en la que ni siquiera atiné a elegir tomar del refresco light. Ah no, por supuesto que tenía que estar tomando del normal. Así, una ingesta de calorías que se iba por los cielos durante el turno de trabajo, y a eso agregarle lo que comía por fuera.

Pasado el tiempo y al salir de ese tipo de trabajo, ya tenía ahora sí el sobrepeso notorio. Lo que vino ya en años futuros de aumento fueron algunos kilos, entre semestres de la carrera y cosas así, pero el gran salto, por decirlo de alguna manera, fue al estar laborando ahí. Y bueno, de ahí vienen después los intentos fallidos de volver a aquel tiempo de gloria en el que tenía una agilidad y flexibilidad que ahora que recuerdo esos tiempos, me cuesta creer que era to mismo. Así que ahí tienen, se trata de la historia de una persona más que por la comida rápida se volvió gordo. No tanto con cerveza y otras cosas como le ha pasado a muchos, sino por esos antojos que estaban tan a la mano, y los refrescos.

Pero aquí es donde aclaro que no soy como los conocidos llorones de una generación podrida que culpan a todo mundo por no admitir su propia responsabilidad. Y tampoco romantizo lo que obviamente es un problema de salud que vincula elementos físicos y mentales. Por eso es que es absurdo y reprobable ver a quienes, al ver un problema que tienen en su vida, les sobra tiempo para andar culpando con su dedo acusador. Si fuera como ellos, ya andaría victimizándome y diciendo que la culpa es de la comida rápida, y manipulando mi historia en redes sociales para atacarles y dar lástima, como si los de las cadenas de comida rápida u otras compañias te pusieran una pistola en la sien para obligarte a consumir.

Podría también decirme víctima de tanta promoción y anuncios y que por eso engordé, y culpar a esas compañias por saturarme de comerciales en todos lados, y culpar al capitalismo entero de una vez, y cuanta cosa. Pero no, porque repito: yo no soy un llorón mentiroso que no se responsabiliza de sus propios errores. Tampoco me verán justificando el daño que le he hecho a mi propio cuerpo creando un movimiento de supuesto "orgullo" por tener depósitos de grasa en el cuerpo que impiden su adecuado funcionamiento y me ponen en peligro. Solo un mundo que se ha vuelto loco e incoherente admite que se popularice algo así en vez de etiquetarlo como debería, y contenerlo.

En resumen: estoy mal, y aunque elementos externos y otras personas hicieron cosas que favorecieron mi abandono, tengo la madurez, inteligencia, y seriedad suficiente; algo que esos llorones a los que hago alusión, que ya muchos hemos visto no tienen. Ni mis padres, ni los amigos que se fueron, ni las mujeres que quise y me dejaron por distintas razones tienen la culpa, aun y con el hecho de que, como dije antes, tuvieran cierta influencia en la cadena de eventos de mi vida. Tampoco la tienen el mundo y sus eventos estresantes, ni la vida en sí con sus cosas tan injustas y sin respuesta, justicia, o lógica. Porque con todo y lo anterior, la responsabilidad estaba y aún está en mi, al igual que lo está en cada uno. En el presente, sigo igual. El tiempo y yo mismo dejaremos en claro en el futuro si las cosas siguen así o si se corrigen. Pero incluso si no, a pesar de tratarse de la historia de un sujeto más con sobrepeso que siguió mal hasta el final, será la de alguien que al menos tuvo la decencia admitir que fue por si mismo y su acción (o inacción), y no escudarse en experiencias malas de la vida, en el hábito de culpar siempre al otro, o ampararse en pseudo-movimientos sociales que mediante falacias quieren afirmar que es correcto y aceptable algo que la ciencia y la razón misma nos dicen que no lo es.
Leer Completo ...