14 oct. 2019

El estado actual de las clínicas del IMSS


Una de las cosas del sistema de salud mexicano que es conocida de sobra es la deplorable condición en que se encuentran en México las clínicas del IMSS. Incluso es algo que el ciudadano promedio acepta con frustración, e incluso lo sublima, o convierte en tolerable y hasta cierto punto aceptado con resignación. Para esto se vale de dos cosas que muchos usamos: el humor, y las catarsis de honestidad llenas de rabia. Solemos hacer chistes de las cosas que nos molestan, nos parecen injustas, o nos dan miedo (como la muerte, por ejemplo), y sobre el IMSS hay incontables bromas y memes en todos lados sobre la lentitud del servicio, la atención indiferente del personal, o el mal estado de las instalaciones. Sin olvidar los tiempos tan nefastos que te manejan donde más de uno hemos dicho "para entonces ya qué, de seguro ya me habré muerto, no chinguen".

Lo de la catarsis llena de rabia viene cuando ya no puedes mantener la compostura o poner tu mejor cara y tienes que soltar mentadas de madre y cuanto traes dentro, porque parece que adrede quieren tener todo sumido en la mierda en la que está. Y hace unos días me tocó ver una muestra de esa ira y frustración sinceras de parte de alguien que con toda justificación señaló lo mal que están las clínicas y cómo se manejan, y está haciendo todo lo posible por escalar su queja. La verdad yo dije: "Sé en dónde va a terminar su queja, en la pinche basura", pero de todos modos le dije dónde y cómo irla a poner. Lo que ocurrió fue en el transcurso de una visita a un familiar internado. Vengo de una familia de doctores y enfermeras, y esta fue una de esas ocasiones en que un pariente lejano está enfermo. De esas veces que no es alguien con quien convives seguido o de quien siquiera te acuerdes pero tiene algún elemento que te hace no querer dejar pasar el verlo, aunque sea porque es alguien a quien quería mucho otro familiar tuyo que ya murió, o lo que sea.

Al atender entonces esa obligación moral, mi familiar (quien luego me contó todo) me dice que la Clínica 33 del IMSS aquí en Monterrey, la cual solía estar impecable en sus primeros años, sufre ahora del mismo mal que las otras: el desorden, suciedad, y valemadrismo. Las familias de otros enfermos sienten la necesidad de ir hasta con el pinche perico a estar haciendo bola en la sala de espera, con niños ruidosos y ya zurrados sin cambiar caminando aquí y allá y pillando como murciélagos de repente. Los baños hechos un asco, y fíjense la ironía, cuando me contaron esto me acordé de cuando el ejemplo de baños atascados eran los de la Central de Autobuses de Monterrey. Y pensar que ahora los de la Central, aunque no son la maravilla, tienen una limpieza y mantenimiento suficientes que ya quisiera uno ver en las clínicas del IMSS. Por lo que me contaron ya falta nada para que sean como los de cantinuchas de tercera donde los excusados y las paredes tienen su barnizada de caca y donde el cagón, como todo un profesional, pareciera que se decidió a darle dos capas.

Además del hacinamiento de gente que no debería estar ahí, los escuincles ruidosos y hediondos, hay que añadir el olor de la gente sudada que se fue ahí directo de sus trabajos, varios de ellos del tipo físico que hacen que vengan ya con el sobaco convertido en un arma química. Y como cereza en el pastel de mierda, la gente que lleva comida para si mismos y otros ahí, y escogen alguna cosa que es demasiado olorosa y empalagosa. Ahora imaginen la mezcla de todos los olores que vengo describiendo en estos párrafos. Lo primero que piensa uno es que la gente no vale madre y es desconsiderada, y por supuesto que así es, pero la realidad es que este es un país de desordenados que necesitan una mano dura de alguien fuerte que les marque límites (y eso aplica no solo en cuidados médicos, sino en orden público y ley, pero ese es otro tema). En otras palabras: la perrada no va a dejarse de hacer sus cosas a menos que se les ponga orden a la fuerza. Y para eso es que el personal administrativo está, se supone que debería estar.

A la gente deberían marcarles lineamientos: un solo familiar o si acaso dos, y no traigan niños ni ancianos aquí a hacer bola, si ni están todos dentro de la habitación del paciente de todas maneras. Es un centro médico, no un parque. Puede resultar en un foco de infección. Pero por el miedo al escándalo y conducta llorona y quejumbrosa y exposición en redes sociales, lo cual por desgracia es el pan de cada día en tiempos actuales, son blandos donde no deberían serlo, y duros donde deberían ser más flexibles o considerados, y menciono eso último que me lleva directo a lo siguiente: el personal médico.

Muchos tienden a echarle la culpa del 100% de las cosas a médicos, enfermeras, y otros del personal. Y no es el caso. Como dije, vengo de una familia llena de profesionistas médicos y lo he visto de primera mano, que muchas veces los pacientes y los familiares son los que sabotean los tratamientos y cuidados, y encima se quejan. Pero seamos honestos, y esto por si alguien de la profesión llega a leer esto: hay demasiadas "manzanas podridas" en los centros médicos (y de paso digo, no solo en los del IMSS). Y no crean que me refiero a los ejemplos extremos, como el de aquellas dos idiotas inmaduras que compartieron en redes sociales la extremidad amputada de su paciente, que eso y casos similares ameritan un escrito propio. Me refiero más a los males del día a día: cuando mandan traer tacos o tamales y se reúnen en un consultorio y dejan detenida la consulta (y mientras los pacientes siguen llegando), las empleadas huevonas que les importa un carajo y dejan solos sus escritorios cuando no deberían (excepto, obvio, en su descanso que les toque), y los de intendencia o limpieza, que han de tirar más hueva que yo en la universidad cuando nos tocaba la clase de relleno supuestamente de humanidades metida a huevo, en la cual el mismo maestro tiraba hueva, por cierto.

Como les digo, mi familiar que me platicó esto estaba echando pestes, y con razón. Ir a ver a un ser querido hospitalizado llega a ser difícil de por sí, y tenerse que chutar una aventura llena de caca, olores, y mala atención cargada de insensibilidad, encabrona hasta al más tranquilo. Y lo que tengo por decir para finalizar es decirles por igual que no tienen madre con lo que hacen: a gobernantes y políticos que tomaron el dinero que debía inyectársele al sector salud para sacarlo del estado en que está, los profesionistas médicos que de forma intencional son desobligados y desconsiderados con los pacientes, al personal administrativo de cada centro médico que solo se hace wey para cobrar y ya en vez de usar su autoridad para corregir cosas, y por último a los parientes de los pacientes que hacen cagadero y desmadre sabiendo que de por si las cosas están mal, pero se sienten especiales y que pueden empeorar las cosas tan solo por sus huevos. No es posible que sigan las cosas así en este tiempo, y que se vea que lo peor está por venir. Pobres de los profesionistas médicos que sí se esfuerzan, y sobre todo, pobres de los pacientes actuales y en un futuro.
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