27 dic. 2019

En lo que nos hacen creer

Cuando ocurre alguna festividad, creo en ser pragmático al respecto y sacarle el mayor provecho posible. Renegar sobre algo tan extendido o establecido puede tener una justificación, no digo que no, pero es mejor que escojas tus batallas.

Lo que sí es que a pesar de saber imitar a un camaleón en ese tipo de fechas y reuniones, debo admitir que es un alivio cuando éstas pasan. Y una de las mayores razones es para ya no ver gente creyendo en cosas que dentro de sí saben que no son reales, pero no solo eso, sino también verles inoculando esas creencias huecas a otros, particularmente los niños.

"Oh, son sus hijos, tú que sabes", pues sí, lector ficticio quejoso salido del éter. Serán sus hijos, pero es un solo mundo para todos. Vi un meme donde decía que no debes decir nada de que se le enseñe a los niños creer en Santa Claus y en el "Niño Dios", si de adultos ellos mismos creen en homeopatía y Flores de Bach y cosas absurdas así. No se les ocurre pensar que esos niños a quienes se les metieron esas creencias son los mismos que de grandes se convierten en los seguidores de esas otras tonterías que están criticando. En resumen, quien creó ese meme se disparó en el pie, como tantos lo hacen.

Por cierto, qué curioso que a su propio dios que adoran lo conviertan en un repartidor de regalos para niños, ¿no creen? Los gringos por lo menos señalan a Santa Claus como alguien delegado por el Gran Jefe para esa labor. Acá en México y creo otros lugares de latinoamérica no, acá es el mismísimo ícono religioso al que le atribuyen todo el poder quien se vuelve niño cada año y termina reducido al nivel de un repartidor de servicio de mensajería. Excelente enseñanza y de coherencia perfecta para los niños, eh. Ah, y ni hablemos del complejo a siempre tener algo de menor calidad que aquello que tienen los de Estados Unidos. Tan solo piensen esto: para los niños que pierden sus primeros dientes, allá es El Hada de los Dientes o Tooth Fairy, pero en latinoamérica es un ratón. Un maldito ratón. Allá una mujer que casi siempre la representan joven y hermosa, acá una plaga roedora que solemos perseguir y matar cuando se mete en nuestras casas.

Por lo pronto, luego de que las fiestas se terminan, sabemos que todo vuelve a lo que consideramos la "normalidad". Ya saben, esa donde la gente cree en cosas como el amor, el altruísmo, que los activistas por causas ambientales y por grupos vulnerables lo hacen de forma sincera y para nada tienen un motivo oculto, etcétera. Ya saben, esas cosas que sí son muy, muy reales. Claro que sí.
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13 dic. 2019

El paquete perdido

El otro día le envié un paquete a mi hermano a la ciudad donde vive. Me pasó la dirección exacta y le dije cuándo se lo iba a mandar. Hice luego lo que muchos acostumbran hacer: buscar el lugar más cercano para hacerlo, lo cual es un grave error, debo decir. Y vaya que terminé arrepintiéndome.

La oficina de la compañía de mensajería a la que llegué es pequeña, de esas que uno diría: "ésta es una mini-franquicia o algo así". Está en un edificio de locales y bodegas en un espacio pequeño, y suele haber no más de 3 empleados ahí, muchas veces está atendiendo una sola persona. Ya la había visto antes y una vez hice un envío ahí que llegó sin problema, de una cosa que no valía mucho, eso sí. Esta vez lo que iba a mandar sí era de valor y por flojo (diciendo que era por ser práctico, pero en realidad por flojo) pensé que el mismo lugar estaba bien.

Llegué y quien me atendió fue una empleada que en esos momentos estaba sola. La describiré advirtiendo a los muy sensibles que es necesario para la historia para que entiendan por qué terminé sintiendo mala espina. Es de esas gorditas cachetonas que su expresión normal es la de bastante encabronada. Que ya hasta que les hablas notas que tal vez no está tan enojada como parece. La raza mamona a veces le llama a eso "cara de bulldog", jaja. Esas personas tienen la peculiaridad, tal vez lo hayan notado, de que solo dos expresiones faciales se les distinguen bastante y hasta resaltan: la de encabronamiento que ya mencioné, y la otra es la de burla o la de "te estoy jodiendo".

Cuando llegué y la saludé, le mostré lo que iba a mandar. Empezó a hablarme en tono de cajera de tienda que quiere apurar la fila, aunque aquí no había nadie mas que yo. Acababa de irse una chica que estaba antes de mí, y después ya quedamos solo la empleada y yo. Continué siendo cortés hasta el final. Le di los datos, me preguntó si quería que fuera envío normal o express. Vine escogiendo el normal, me advirtió que se tardaba más días, le dije que estaba bien, y terminando la transacción me fui. Y justo cuando estábamos en los últimos pasos es cuando noté el cambio de expresión facial que les decía hace un momento: esa sonrisa cínica disimulada y los ojos entrecerrados. Me revisé de forma discreta en un espejo a ver si traía un moco colgando o algo en la cara o el pelo, pero no. Me vi en el espejo y dije: pues feo como siempre, pero nada fuera de lo común.

La tipa me sigue atendiendo ahora sí sin quitar esa expresión de burla para nada. Me acordé de tiempos de cuando estaba chavillo que un par de veces a gente que estaba viéndome así les menté la madre y les hice pleito incluso. No iba a ser aquí el caso, claro, pero si me preguntaba si preguntarle si había un problema o algo. Al final no lo hice, y al salir todavía su "gracias, que tengas buen día" lo dijo con la misma jeta.

Cuál va siendo mi sorpresa de que el paquete resultó perdido. Y digo perdido porque según señalan los de la mensajería y en cierta forma tienen razón, de manera oficial eso es. Pero yo sé bien lo que pasó, y es lo mismo que quien esté leyendo esto va a pensar: fue robado. Esa vieja se lo robó. Desde el momento en que mi hermano me comentó que no llegó como se esperaba. Y es casi seguro que la expresión en su rostro que tanto he mencionado ya es porque no podía ocultar el gusto de lo que iba a hacer, la muy desgraciada.

Claro que lo siguiente es que fui y reclamé, sin acusarla. No me voy a la respuesta emocional directo, como mucha gente hace. Sobre todo sin tener pruebas y solo conjeturas, por mas certeras que estas sean. Seguí el proceso larguísimo incluyendo darles la oportunidad de "investigar" a los del departamento del número 800 al que tuve que llamar. Al individuo que me dijeron que sería mi ajustador sí le comenté mis sospechas y toda la situación, le pasé fotos que tomé de la tipa y el nombre de ella, y describí el caso lo mejor que pude. Todo esto además de lo que tuve que describir y llenar sobre el paquete perdido en sí.

Al paso de tiempo de su dichosa investigación me enviaron ya lo del formulario de reclamo para el seguro, y no les miento, me sentí como si estuviera haciendo el trámite de Pasaporte o el de Visa Americana. Tal documento es necesario, ahora tal cosa también, y así en un proceso que como muchos sabemos es el que siguen muchas compañías y hasta instancias gubernamentales a veces: fastidiar con burocracia para que la persona termine diciendo que todo se vaya a la mierda y deje el trámite pendiente. Buena estrategia, pero en mi caso, yo no quito el dedo del renglón. Y se lo dije al sujeto que me está atendiendo el reclamo: que si no se me reembolsa como debe ser, lo voy a escalar y ahora sí hacer el asunto más grande. Al momento de escribir esto, terminé ya la última papelería y en espera de que se cumplan los días de margen que piden.

De vuelta con lo de la tipa de la sucursal, mi paranoia aunada a mi completa decepción de la especie humana (y razón por la que ya me rendí y abandoné muchas cosas que involucren tratar a otra gente, pero esa es otra historia) me llevó a empezar a sospechar sus motivos. Sabemos que la explicación más simple suele ser la correcta, pero a la vez, no en el 100% de los casos, y cuando se ha tratado de mí de repente me he topado con algunas cosas fuera de lo que uno se esperaba. Así que con esa sospecha en mente, quise sacar lo posible de la tipa en cuestión.

Fui a la sucursal de cuenta a platicarles de cómo iba mi reclamo fingiendo que para nada pensaba yo mal de los empleados de ahí mismo, y aparte de las fotos y video que tomé de la mujer, logré conseguir su nombre y otros pedazos de información. Quienes me conocen saben que en otro tiempo trabajé en giros donde tan solo digamos que te enseñas a revisar los antecedentes de la gente y encontrar lo que no está a la vista. Eso hice, pensando que tal vez sería tan estúpida como para mostrar en redes sociales lo que se robó, como hacen otros ratas. No encontré todas sus redes, y no hallé evidencia visible tampoco. ¿Por qué la actitud de burla? ¿Por qué esa sonrisa clavándome la mirada sin preocuparse de disimularle tantito?

De inmediato pasé al siguiente pensamiento: no fue por el valor de lo del paquete. Sería tal vez que la empleada es amiga de una persona del pasado que me tiene algún resentimiento o de plano odio. Y ahí es donde me topo con algo más difícil de resolver, porque cuando de gente que me odia o le caigo mal se trata, no está muy fácil. Desde aquellos con quienes el pleito está más allá de todo arreglo, de quienes hay más de uno. hasta quienes hasta la fecha les tengo extendida la mano ofreciendo paz. También pasó de mi mente si se trataría de alguien de algún lugar de donde salí enmedio de conflictos y con otros de por medio cayendo. O quién sabe.

Pueden muchos decir, y lo comprendo si así es, que es muy elaborado todo esto. Lo que me llevó a plantear la hipótesis de que fuera una conocida de otra persona relacionada conmigo surgió por experiencias pasadas donde así resultó ser, y lo raro que me parecía, repito, que tuviera esa actitud de no disimular ni un poco, como queriendo que supiera que lo que vendría en el futuro sí habría sido ella quien lo cometió. Aún así, sé que sigue viéndose improbable para la mayoría. Yo mismo lo señalé al decir unos párrafos atrás que sé que la explicación más simple suele ser la correcta. Pero aún así, qué les puedo decir, el obsesivo en mí se pregunta si hay algo más ahí y se trata de alguien que de pronto me reconoció de algo y dijo "aquí me lo chingo", o tan solo fue alguien que no supo disimular el gusto de hacerle el mal a un desconocido y sacar provecho.
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