27 feb. 2020

Tipos de personas indiscretas que más odio


Hay que reconocerlo: en todos nosotros hay un cierto nivel de indiscreción o imprudencia, alto o bajo. A veces estás distraído porque te consume el montón de cosas fastidiosas y/o horribles de esta vida y no puedes evitar decir o hacer algo que debías evitar. O puede que al calor del momento, por ejemplo enmedio de la plática en una fiesta, tu lengua se suelta y vas y cometes tremenda estupidez. Peor aún: la mayoría de esos errores terminan incomodando (o de plano jodiendo) a otra persona. Bueno fuera que quien sale con la indiscreción se jodiera a si mismo, pero no.

Como dije, se entiende que hay un cierto nivel de esto en cada uno y a veces se cometen errores sin intención. Pero otras veces te topas con gente que lo hace de manera continua, y saben que hacen daño. Y aún así, ves que no hacen nada en absoluto por corregir eso, y algunas veces hasta lo toman ya como una gracia, el ser así. Esto hace que mas de uno piense que lo están haciendo adrede. Ah, pero aún así, siguen visitando o teniendo trato con ese familiar o amigo peculiar que saben que no tiene filtro. Y de esa manera terminan volviéndose parte del problema. Si no cortas la parte que está podrida, no te quejes del olor y la posterior podredumbre que te llegues a topar. Coherencia, por favor.

Y si tratara de nombrar a todos los tipos de gente así, se me pasarían muchos, sobre todo porque (por fortuna) no me he topado con todos ellos. Pero sí quiero compartirles aquellos que he visto en acción, cagándola ya sea en algo sobre mi o sobre alguna otra pobre víctima que ahí estaba. Estos son algunos de ellos:

El que sale con indiscreciones tuyas frente a tu pareja, o sobre quien aún te duele

Comenzamos con ese tipo de personita que de ley todos conocen, si no en sus propias vidas por lo menos en las de los demás. De hecho en la serie Friends, una serie que es de mis favoritas de todos los tiempos, pero que también critiqué alguna vez por sus puntos malos, viene el arquetipo de ese odioso ser personificado en Phoebe. Siempre con sus comentarios fuera de lugar donde la pareja de alguien se iba a terminar enojando.

Por supuesto que solo la gente que vio la serie recordará eso, pero dejándola de lado y siguiendo con el tema en si, la persona imprudente de la que estoy hablando siempre va a salir con cosas del tipo "Oye, ¿y sabías que me topé a tu ex y bla bla bla?" en presencia de la pareja actual. O va más allá, como recordando viajes, eventos, y cosas que viviste con tu ex, mientras que aprietas los dientes y abres los ojos como si te estuviera dando un ataque epiléptico intentando que se calle.

Ah, y ni se te ocurra permitir que esa persona sepa cosas actuales tuyas que harían que tu pareja empiece a fastidiar. Por ejemplo, si tienes a alguien que es tu pretendiente en la escuela o el trabajo (aunque no le hagas caso y no estés siendo infiel ni nada por el estilo). Si esa personita idiota indiscreta lo sabe, "se le va a salir" la próxima vez que los vea a ti y a tu pareja juntos. Varias veces es alguien con intención de causarte problemas y hasta que te separes de con quien andas, pero otras en realidad no obtiene ningún beneficio, y lo hace tan solo por causar el daño.

Esta persona no se limita a sabotearte cuando traes pareja, o cuando ésta te acompaña. Porque también tiene otra forma particular de fastidiar: mencionándote a tu ex cuando sabe bien que aun le extrañas, o que te duele recordarle. O incluso preguntarte si no has sabido de el/ella o si se han topado de nuevo desde la separación (como si le importara).

El que te intenta comprometer o joder en el trabajo

A ese los que somos solteros y sin hijos lo identificamos a la perfección. Si alguna vieja de la oficina está pidiendo cambio de turno o día libre por alguna cosa relacionada a sus dramas familiares, casi todos derivados de esos hijos que uno no le obligó a que tuviera, anda cazando a ver a quién se chinga. Y bueno, el indiscreto será o algún compañero de trabajo o el jefe mismo. Así sin agua va salen con: "Oye, este cabrón no tiene hijos y tiene libre ese día, te lo puede cambiar", y ahí viene la monigota haciendo su jeta de sufrida hasta tu lugar, queriendo hacer que te sientas culpable. Y todavía el idiota que te está queriendo comprometer remata con un "¿Sí se lo puedes cambiar, no? Ándale".

Yo una vez tuve una discusión fuerte así en un trabajo, con el jefe y una compañera que estaba embarazada. Ni me acuerdo por qué motivo tenía que faltar o cambiar turno, pero no tenía que ver con el embarazo ni una cuestión urgente o siquiera de alguna cita médica o algún trámite importante. Era una necedad. Y luego de hacernos de palabras y que me mandara llamar el jefe aparte, le tuve que decir al cabrón tal cual: lo que ella quiere no es por una urgencia médica o la muerte de alguien, y no porque ella tenga hijos y yo no tiene que darle preferencia. Yo también necesito tiempo libre, también salgo a divertirme, también duermo, como, y cojo. A veces poco en dos de tres de esas, pero lo hago, y necesito mi tiempo para hacerlo. Al final alguien más le hizo el cambio, y acabé siendo el mal visto ahí, por supuesto. Pero bueno, no es la primera vez que he acabado en malos términos en un trabajo, y si era algo en lo que tenía la razón, no tenía por qué doblar las manos.

El que quiere sacar el tema de tus finanzas e historial académico o de empleo en público

No me alcanza el idioma, y pudiera saberme todos los otros idiomas del mundo y hasta las lenguas muertas, y créanme que no tendría palabras ni el sánscrito, latín, o hasta sumerio para expresarles cuánto odio a esas personas. Se los digo sin empacho: cuando salen con su estupidez malintencionada, porque con ellos sí es con mala intención el 100% de las veces.

A ver si no les suena familiar esta escena: estás en la reunión de generación de lo que sea: secundaria, preparatoria, carrera. Y alguien, que nunca fue íntima amistad tuya, de volada empieza a preguntarte: "Oye, ¿y dónde estás trabajando?" seguido de un "¿Y qué tal pagan ahí, que prestaciones tienen? Porque he escuchado que bla bla bla". Es que en serio, qué carajos le va a importar si gano una montaña de dinero o si en realidad estoy en un empleo donde me están pagando con cacahuates (ya me auto-madreé y me dije elefante solo). ¿Me va a hacer mi declaración de impuestos, va a hacerme una oferta de otro lugar y puesto con una paga mucho mejor, o me va a proponer que robemos un banco, ya que estamos igual de pobres? Pues no.

La ausencia de sentido de esas preguntas son equivalentes a la carga de mala intención que tiene el que las hace. Lo que quieren esos que te preguntan dónde trabajas, o qué estás estudiando (cuando eres muy joven), y cosas así, es hacerte tambalear, que te sientas menos frente a ellos u otros, y que sientas que acaban de forzarte a un juego de comparaciones en donde eres el que sale perdiendo. He tenido que lidiar con este tipo de personas de lengua suelta, y suelen ser una combinación de lo que acabo de mencionar con aquellas que comenté antes que te preguntan sobre tus ex o te las recuerdan adrede.

Los que te preguntan, o hasta discuten en público, sobre tu salud

En temas de salud, como vengo de familia de médicos y enfermeras, no soy tan privado como otra gente. De pronto puedo hablar de cosas mías entre un grupo de personas de manera natural porque me acostumbré a oir esas pláticas entre mi familia. Pero sé que mientras que algunos comentamos sin problema de cuándo fuimos al doctor, que en tal día fuimos a algún estudio y demás, para otros es un asunto que quieren manejar de manera más discreta. Ah, y no crean que por ser yo así de abierto no tengo limites. Por supuesto que hay ciertas cosas que no quiero que se hablen de mi con cualquiera o en todos los lugares.

Pues aqui es donde hace su entrada triunfal el imbécil que de pronto menciona tu diagnóstico o tu problema por el que tuviste que ir a consultar, en alguna reunión familiar o de amigos. Algunos fingen estar intentando ser discretos, ya saben: "Oye, ¿fuiste ya a... ya sabes?", para que de inmediato los demás presentes estén preguntando de qué se trata. U otros que de plano no le disimulan ni tantito: "¿Sí se te quitaron ya los hongos con la crema?, ¿Sigues teniendo los síntomas aquellos? (porque vi en la tele que pudiera ser tal cosa), ¿Se te quitó lo del estómago que traías?, etc".

Y para el que quiera defender a esta gente diciendo que tal vez están preocupados por ti: es distinto que te pregunten de forma simple si te sentiste mejor o si ya andas bien, a que digan tu padecimiento o problema en específico en un lugar donde otros lo oyen. Ah, y a veces algunos de estos se justifican a si mismos diciendo "Pues qué tiene, todos somos humanos, todo mundo se enferma o le da algo". Pues sí idiota, pero el concepto de privacidad existe por algo. Todos hacemos caca, y no por eso quiero que anden hablando de la mía o contando de cómo huele o mostrando fotos o dando datos de su consistencia y frecuencia. Así igual con las demás cosas. No es tan difícil de entender.

...

Esos son apenas algunos, porque como dije, hay demasiados y no me ha tocado vivir todos los escenarios posibles, obvio. Pero con los que me ha tocado lidiar es suficiente. Lo que me queda por sugerirte, lector, es que si te topas a alguno de esos, no les tengas consideración. Poner distancia es lo mejor posible. Porque no van a cambiar, no valorarán la tolerancia que les has tenido al paso de los años, y créeme: eres tú el que pierde.
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17 feb. 2020

Los Magos


Cuando se habla de magos, hay que hacer una diferenciación entre aquellos que forman parte de cultos o grupos que realizan prácticas involucrando creencias místicas, y los otros, que son profesionales del entretenimiento, prestidigitadores, expertos en trucos e ilusiones, o como se les desee llamar. Y de esos últimos es de quienes quiero hablar esta vez.

Cuando era un niño muy pequeño, una de las primeras veces en que me interesé en el tema de la magia por entretenimiento fue viendo a David Copperfield. De lo que más me impresionó fue cuando hizo su ilusión de hacer desaparecer la Estatua de la Libertad en la ciudad de Nueva York, truco que vi en una repetición tiempo después, imaginándome cómo habría sido cuando estaban transmitiéndolo en vivo.

Tiempo después, en las fiestas de cumpleaños de otros niños y las mías, odiaba que no fuera costumbre aquí la de tener un mago, y en vez de eso tener a un payaso genérico con sus botargas y su muñeco de ventrílocuo. Me habría sentido feliz de que me hubiera tocado un mago alguna vez. Uno bueno, no solo alguien que improvisara trucos fáciles de adivinar, como supe que le llegó a tocar a otros ver en fiestas ajenas. Quería algo espectacular, algo que me dejara pensando, algo que me hiciera cuestionarme incluso si lo que vi es real, aunque dentro de mí la lógica me dijera que debía haber una forma de explicarlo.

Me gustaba lo que hacía Mandrake el Mago al verlo en la serie Los Defensores en la tele, una de tantas series de los noventa que vi. Lo veía también en "los monitos", o tiras cómicas, que salían en el periódico los domingos. Por alguna razón no me decidí nunca a aprender trucos de magia, algo con lo que siempre me quedé con ganas de hacer. Ya otros gustos y aficiones ocuparon mi tiempo, pero nunca dejó de gustarme el tema. En la serie de televisión House M.D. hay un episodio donde atienden como paciente a un mago que hace trucos tan buenos que mi el mismo Dr. House logra explicar cómo los hace, y se dedica hasta el final a intentar sacarle la verdad al paciente sobre sus habilidades. También están las películas de Now You See Me, las cuales me encantaron al verlas. Y bueno, el tema sigue gustándome tanto como antes. Como dije, no aprendí nunca a hacer ni el más simple truco, así que me limito a ver a otros hacerlo, y a aceptar que mi único truco de magia es hacer rendir mi quincena hasta el siguiente pago.

Gracias por leer, hasta la próxima.
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8 feb. 2020

El taxista nefasto y el tema del aborto


Algo que me molesta casi siempre es cuando surgen los temas polémicos cuando se está con una o más personas. Cuando es en una reunión en donde me tocó estar, trato de manera sutil cambiar el tema o darle cierre, a veces de manera abrupta. Puede que no sea la mejor manera, pero así de fastidiado es como me tiene el ver que salgan a flote.

Me explico: los temas de los que hablo, incluyendo el del aborto (que está mencionado desde el título de este escrito) involucran un espectro de opiniones e ideologías tan abrumador que marea. Y más porque la mayoría lo orienta al sentir y no al estudiar los hechos. Por lo tanto, siempre verás los mismos argumentos de los provida y los defensores del aborto cada uno desde sus trincheras. ambos cerrados a la búsqueda de alternativas a su visión o a priorizar prevención e integración por igual. Pero sobre todo, negados a entender que un feto no es un un gran milagro muestra de la magnificencia del cosmos y un Poder Supremo (de ser así, no sería un ser que se extinguirá y tiene fecha de caducidad, además de el decaimiento e inevitable ocaso propios de la naturaleza humana), pero tampoco es un juguete de una Cajita Feliz de McDonald's para que no te importe que te esté saliendo y lo andes desechando una y otra vez, solo porque tienes la opción de hacerlo. Esa falta de criterio se evidencia en las generaciones más jóvenes y estadísticas en incremento de problemas de salud derivadas de conductas sexuales sin seguir medidas de seguridad, con todo y el acceso a información y recursos de salud en el presente, que hasta en países de tercer mundo los hay y sí serían suficientes si decidieran acercarse a aprovecharlos. Y por eso es que les dejo seguir peleándose, a ambos bandos, evitándoles lo más posible y agradeciendo no estar en las filas ni de los ultraconservadores y tampoco de los liberales radicales o de los progresistas, que usan el tema para sus propios intereses y no por genuino deseo del bien ajeno.

El anterior intro con aclaración de esa posición en el centro sobre el tema del aborto creo que es necesario por lo que les contaré a continuación: resulta que hace días fui a consulta médica, y cuando salí, un taxista estaba dejando en la puerta a una parejita muy joven que para nada habrían llegado a los 20 años siquiera. Como sigo sin tener carro desde mi último madrazo y pérdida total, ando en transporte público, así que consideré que si ya estaba ahí a la mano, convenía aprovechar y subirme.

Me di cuenta de mi error cuando no bien llevábamos ni 5 minutos avanzando y el taxista me mencionó que veía con apuro a la parejita de novios que se acababa de bajar, me dijo su especulación de que tal vez traían el susto de un embarazo no deseado, y remató con un "ni modo, ahora a que el muchacho se faje los pantalones y se case". Oír esa mezcla de morbo metiche con ínfulas de juez sobre lo que otro haga me hizo pensar "carajo, es de esos". A veces platico con los taxistas o los choferes de Uber o servicios semejantes, no soy de los que crea que siempre hay que ir callado en los viajes, pero por supuesto depende también de cómo sea la persona. Por lo general lo que me topo son los relatos ficticios y fantasías de los que trabajan al volante: que llevan a las chicas escorts y de table dance y que siempre de los siempres terminan pagándoles con sexo, que los intentaron asaltar pero el tipo es una especie de Rambo retirado y se llevaron una sorpresa, y así cosas por el estilo. Es muy cómico pero a la vez inofensivo, si ellos quieren comentar esas fantasías e intentar hacerme creerlas no hace daño a nadie. Yo también puedo platicar, y a veces lo hago, de las celebridades con las que quisiera tener sexo y todavía más, y de lo que haría si me ganara millones en la lotería.

El problema es que este señor estaba aventándome en tono mitad burla y mitad de juicio frío y duro algo en lo que quería hacer que le dijera que tenía razón. De esa gente que te habla con voz alta casi gritándote y con lenguaje corporal encimoso y lleno de gestos, como "empujándote" a que le digas un sí. En este caso eso no le sirvió, porque le contesté que si yo no era el novio y tampoco es mi hijo el del presunto embarazo, no tendría por qué opinar (quise ver si entendía con eso la indirecta). Procede a darme un sermón en el que empieza siendo condescendiente conmigo diciendo que él tiene muchos más años que yo, lo cual era cierto, y que tal vez ni habia experimentado yo situaciones así en la vida, pero que él sí. Le contesté sonriendo que todos somos jóvenes para alguien y viejos para otros, y que sí me había ocurrido una situación en la vida relacionada al aborto en la que formé parte activa (algo que por cierto, no he contado por escrito porque no he sentido ánimos de hacerlo, pero tal vez después). Eso hizo que abriera mas sus ojos prejuiciosos. Ya para entonces me incomodaba esa efusividad con la que hablaba y manoteaba a la vez, en ocasiones volteándome a ver fijamente. Comprendí entonces a los que suelen sentarse en el asiento de atrás, aunque vayan solos.

Sin mucho detalle le confirmé por segunda vez que sí me tocó estar enmedio de un drama de esa índole, y procedí a decirle cómo sí estoy a favor del aborto, con sus respectivas cláusulas o requerimientos. No quise explayarme más, sobre todo con alguien enamorado de su propia voz. El sujeto empezó a hablar de cómno estaba yo mal, y que si esa parejita habia cometido ese error ahora debían casarse y afrontar las consecuencias. Le dije que lo hacía sonar como un castigo, y que sería triste que un hijo naciera con el estigma de Castigo y Error grabados en su ser a los ojos de sus padres. Ahí pausé, y le comenté que se notaba que le removía mucho el tema y que mejor podíamos ahí dejarlo, y que de hecho no fui yo sino él quien lo inició. No se quiso rendir y volvió a la carga, de paso diciendo de forma velada que estuve muy mal si alguna vez animé o ayudé a alguien a abortar, y que todos quienes lo aprueben en cualquiera de sus formas están mal. Con animosidad el tipo contó que el cometio ese mismo error en su vida de no tener cuidado y embarazar a alguien, y ahora a sus 70 años él sabía que estuvo mal en considerar el aborto en ese entonces, y que siguió la voluntad de Dios y de la vida y no sé qué más, y que al ver ahora a su hijo que es ahora un adulto de N años (ya no le presté atención en esa parte) se ponía feliz de oirlo decir "No te preocupes papá, yo te voy a cuidar, no te faltará nada ya cuando no puedas, etcétera".

El taxista volvió a la carga diciendo sobre la parejita que el novio si estaba entero y sano, ya eso era suficiente para que pudiera afrontar el casarse y la crianza del hijo. Contesté que no es así como funciona, y que cada persona tiene distintas habilidades físicas y mentales, y para algunas cosas están predispuestos a ser tanto mejores como peores que otros, dependiendo de qué área se trate. Se hizo el que no entendió, así que le dije: "mire, si hallamos a un hombre parecido lo más a usted en todo y en casi similares condiciones y conocimientos, eso no quiere decir que vaya a ser igual que usted si lo ponemos a hacer las cosas en las que usted ha trabajado en la vida o las que ha enfrentado, incluyendo el saber manejar un taxi y todas las demás". Se hizo el indignado diciendo que "no es lo mismo" para momentos después preguntar por qué me explicaba en analogías. Le dije que si conocía el término analogía, dado que salió de su propia boca, entonces sabía que la analogía aplicaba por lo siguiente: no puedes atribuirle a alguien que vaya a poder aguantar lo mismo solo porque a tu parecer se ve igual que como tú te veías en esa situación. Va más allá. No puedes decir "Fulano cuenta con todo lo que yo tuve y debe poder". Sí, pero Fulano no es tú, no tiene tu genética, no tuvo tus mismos padres y por último, no son los mismos tiempos. Para entonces el desagradable taxista hacía muecas queriéndose ir de nuevo al espectro de lo moral e inmoral, y de cómo "sólo se sabe cómo es un caso como un embarazo sorpresa si lo has vivido en carne propia", según él.

Para entonces ya habíamos llegado al otro lugar a donde tenía que ir. Tenía yo la puerta abierta ya estando estacionados, mientras le pagaba. Ahí es donde le solté todo lo que tenía que decirle, y quiero comentarles una cosa: sé que hay gente que inventa en sus anécdotas que dijo algo muy ácido o directo para verse muy cabrones en la historia que cuentan, y bien pudiera parecer que soy uno de esos mentirosos o que adornan los detalles, pero no es así. Yo sí suelto las cosas y tengo el particular don de tener lengua y dedos venenosos, al parecer. Lo suficiente para tener un número de 3 dígitos de gente resentida conmigo hasta la fecha; tengo un sentido de lo dramático junto con lo hiriente en cuanto a las palabras y decirle sus verdades a la gente, y si alguna de esas personas resentidas que les digo testificara jurando decir la verdad, se los podría comprobar.

Y supongo el taxista se sumó a esa lista de gente que les digo, porque lo que hice fue decirle, y aclaro que de forma calmada sin gritos ni queriendo pelear ni maldiciones: que era raro eso que decía del hijo y su promesa de dizque cuidarlo y que no se preocupara, si a sus 70 años ya cumplidos tenía que trabajar manejando un taxi, y que ya se estaba tardando con la susodicha promesa. Que por otro lado, no ha de ser tan feliz su vida si tan pendiente tiene que estar del resultado de lo que hacen desconocidos con sus pitos y vaginas. Elevó los hombros y empezó a decir algo, pero ahi no le presté atención, solo seguí hablando en voz más alta, terminando por decirle que no porque él fuera a terminar su vida así luego de las decisiones que tomó deberían todos irse por el mismo rumbo, y por mas que lo dijera, no se veía muy feliz. Confieso que bajándome del taxi al final ni supe cómo dar cierre a lo que le estaba diciendo, de lo fastidiado que estaba ya, así que atiné a decirle: "Piense en las mujeres violadas forzadas a tener al hijo, y las madres que luego de haberlo tenido, su propio hijo ya grande las termina matando". Le ardió. Y más por quedarse sin poder responder, lo noté.

Fui a comprarme un café ahí en el lugar en el que me dejó. Fui y me compré algo, y traté de despejarme un poco. De manera fugaz me vino a la mente una persona con quien estuve que se fue y que un hijo habria sido el ancla para evitar que se fuera, e incluso no faltó quien me sugiriera hacerlo. También de aquellas pasadas relaciones en que me hablaron de tener hijos conmigo y qué aspecto tendrían, y que ahora ya tienen hijos por su propia cuenta con quienes se llegaron a casar. Pensé luego en amigos y parientes que fueron arrastrados por esa creencia falaz pregonada por el taxista, y a qué se redujeron luego de ser llevados por ella. Pensé en el tiempo en que tomé la firme decisión de ser alguien sin hijos, sin mirar atrás. Y luego me sacudí todos esos pensamientos; tenía cosas que hacer, y de seguro no sería la última vez de toparme con algo o alguien que me trajera este tema a la mente.
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