Alexander Strauffon



24 oct 2007

El Don


(Del libro de A.S. Cuentos de Humanos)

Ya ni recordaba cuánto tiempo había pasado desde la última vez que vi al viejo. Tan solo ocurrió que un buen día sonó el teléfono y me apresuré a contestar. Era él, que por la voz tampoco debía haber dormido demasiado. Siempre tuve la sospecha durante mis noches de desvelo que justo en ese instante él deambulaba también en su casa sin poder conciliar el sueño. Me saludó como siempre, los dos respetando ese código del obligado y mutuo “¿Cómo estás?”. Hablamos de otros detalles familiares que en realidad no sé si le interesen, y quedamos para comer. 2 de la tarde pareció una hora razonable para los dos.

Colgué el teléfono, y por un momento me quedé sentado en mi solitaria casa con mis propios pensamientos. Respiré hondo y eché la cabeza hacia atrás un momento, contemplando los pocos retratos familiares que traje al mudarme. No había mucho que hacer de todos modos aquel día; los pocos pendientes que tenía los había resuelto el día anterior, y ya en sábado contaba con tiempo libre. A decir verdad, tanto tiempo libre que en ocasiones confieso me asfixiaba. Ahora entendía a qué se referían quienes continuamente venian a mi diciendo que iba a extrañar la escuela al instante de graduarme. No fue sino hasta que termine preparatoria y luego la universidad que me di cuenta que efectivamente tenían razón. No porque uno extrañe a un idiota maestro que dice mentiras para reforzar su punto, o alguno que es tan ignorante que nadie sabe cómo llegó a tomar ese puesto.

Lo que uno extraña es el propósito. El fin que uno persigue, y que a la vez provoca expectativa e ilusión. Hasta que llegas a un punto en la vida donde te das cuenta que lo que queda es solo trabajar. Trabajar en lo que sea y cuando sea, para sobrevivir. Y así tengas el mejor empleo o la peor basura de salario, a fin de cuentas eres un ser efímero, que sobrevive como puede mientras llega su último día de existencia. No hay más allá. No hay una persona amada que alcanzar y con la cual tejes mil fantasías e ilusiones, pues o ya vino y se fue, o ya te estableciste con ella y la verdad dista mucho de tu loca y romántica imaginación. Tampoco persigues ya una mayoría de edad, ni un título, ni te es tan fácil el emocionarte con salidas y eventos como cuando eras más joven. Estaba seguro que eso era lo que le pasaba al viejo. A la edad que tengo ahora, él ya era mi padre. Y los hijos rara vez se detienen a pensar qué sueños, aspiraciones, o proyectos tuvieron sus padres antes. Mismos que fueron directo al olvido cuando debieron dedicarse a cuidar a un recién llegado al mundo. ¿Qué habrá querido hacer en su juventud? ¿Soñaba con el reconocimiento, la fama? Tal vez algún día se lo tendría que preguntar. Lo cierto es que debía alistarme e ir al restaurante donde quedamos de vernos. Así lo hice, y unos treinta minutos después iba en camino.

Al bajar del taxi en el estacionamiento, sentí el impulso de mirar al cielo. A pesar de apenas ser esa hora, era de esas tardes tristes en donde parece estar cerca el anochecer. Un apagado cielo sobre un apagado mundo, en donde me topé con un limosnero tan solo en el camino del estacionamiento a la puerta. Le puse atención por unos momentos mientras arrojaba por la boca una sarta de mentiras sobre sus desgracias, que solo los de corazón o mente débil se creen. De todos modos le di unas monedas y lo vi desaparecer. La hostess abrió la puerta antes que pudiera acercar mi mano siquiera para jalarla, y luego de darme la usual bienvenida, le informé que alguien me esperaba. Una mirada rápida al área de fumadores (pues había especificado que necesitaba estar ahí) y lo vi. De traje gris, nunca sin su corbata perfectamente alineada. Y ya canoso el cabello que le queda, pues hace ya años perdió buena parte de él. Le saludé con un abrazo breve y nos sentamos. Frente a frente, su primer comentario fue acerca de mi costumbre de vestir siempre de negro, y si no me parecía un disparate hacerlo aún en pleno verano. Atiné a dar alguna respuesta ingeniosa, y nos sentamos. Pedimos las bebidas (curiosamente, teníamos en mente el tomar lo mismo) y hojeamos el menú como si en verdad estuviéramos prestando atención a cada platillo.

El restaurante tenía ingeniosas decoraciones de señales de carretera, flyers de conciertos, y fotografías en blanco y negro de épocas y eventos olvidados. Meseros moviéndose de una mesa a otra y hablando a los clientes como amigos, pues la propina es un premio a la habilidad social que éstos tengan. La chica que nos atendió tendría a lo mucho unos 19 años, de cabello castaño largo y una simpática sonrisa. Se quedó a prudente distancia, esperando a que nos decidiéramos a ordenar. Como siempre, salió a flote mi compulsión por las carnes; Desde pequeño hasta ahora, siempre he sido fanático de comer algo que haya tenido vida. De adolescente, solía reírme al pensar que eso era lo más cercano que iba a estar a ser un vampiro. Reí al acordarme de eso, y al decírselo al viejo, también rió por un momento. Luego volvió a su expresión habitual.

- ¿Y el trabajo? – me preguntó con una calma melancólica.
- Bien. Como puede esperarse – le contesté, moviendo mis piernas inquietamente, como buscando acomodarme de mejor forma.
- ¿Tu madre, tu hermano?

Le doy quizá la más prefabricada y repetida de las respuestas que he dicho en mi vida. Que por lo mucho que me fastidia, ni siquiera dire cual es. “¿Cómo te has sentido?” – le pregunto. Me responde favorablemente. Todavía puedo ver energía en sus ojos, la cual normalmente usa para su trabajo. Es un alivio que su jubilación está a la vuelta de la esquina. De pronto lo vi distraerse con uno de los televisores que están montados en las esquinas del lugar. Nuevamente uno de mis comentarios al momento surge, y le hago notar lo absurdo que me parece el que siempre proyecten un partido o evento en las imágenes, cuando lo que tienen puesto es música, y las t.v.’s están enmudecidas. Apenas tuvimos tiempo de hablar de ello, pues la mesera se acercó ya a tomar nuestra orden. Me decidí por un corte acompañado de puré de papa, verduras, y pan de ajo. El viejo prefirió una elaborada y llamativa ensalada con pollo y otras cosas incluídas que me dio pereza leer en la carta.

Otro momento de risa llegó al escucharse el lloriqueo convertido en graznido de hijo de una pareja que se sentó a dos mesas de nosotros. El niño contaría con unos 6 años a lo mucho. Sus pobres excusas de padres maniobraban con otros dos niños mas pequeños en brazos, buscando sentarse. Dediqué unos instantes a observar a la madre; no en una forma morbosa, como hacen los patanes. Más bien en un intento de llegar a su alma, adivinar qué sentía en ese momento de su vida. Debía estar cerca de los 30, aún guapa, pero con la apariencia y expresión de alguien que ya se siente derrotado. Se hizo el cabello para atrás con desesperación, pues le estorbaba en la cara mientras se inclinaba a dejar en buen lugar esa que es la bola de acero con grillete para las madres jóvenes: la pañalera. Ella ya estaba perdida. Podía notarlo de muchas formas. Y al ver al sujeto hablarle de mala manera, casi ladrándole órdenes, deseé a la pobre mujer que al menos tuviera por ahí a algún amante atento y cariñoso que la aliviara un poco de ese tormento familiar.

- Tan joven, y mira nadamás – subrayó el viejo, como anticipándose a lo que yo hubiera dicho.
- De hecho. ¿Sabes? A ésta edad me doy cuenta que rara vez está uno como solía imaginarse en la adolescencia. Siendo un niño jugando a hombre, que cree que a los 24 años ya será gerente en algún sitio, o un brillante médico, o un reconocido profesionista de otra rama. Se cree que todo estará resuelto más adelante.
- A los 60 no es muy distinto, te lo aseguro... – me dijo, casi arrastrando las palabras. Al verlo a los ojos, tenía esa mirada que no solía agradarme en absoluto. Esa que sabía era el preludio para adentrarnos a otro tipo de temas, algo que seguramente no me gustaría. Que se empeñaría en decirme que él es el espejo en el que DEBO verme, y aprender a no cometer los mismos errores. Y es cuando me lleva a reflexiones de qué ha sido, es, y será mi vida. Y es precisamente lo que menos deseo: efectuar un insight mientras espero ya comer.

Lo vi a punto de hablar, pero se detuvo al llegar nuestra mesera con la comida. Cuando nos sirvió, empecé a comer de inmediato, mientras el viejo se tomaba su tiempo incluso contemplando lo que le acababan de servir. Después se quitó los anteojos y comenzó a limpiarlos, confirmándome con esto que venía el sermón. Adopté una postura física defensiva, cruzando las piernas por debajo de la mesa, inclinándome hacia la izquierda y recargando el mentón sobre mi puño, luego de haber puesto sonoramente el codo sobre la mesa a pesar de la mirada reprobatoria del viejo. Casi era retarlo a hablar. Esperaba no se tornara en una discusión, cuando finalmente habló:

- Yo siempre he esperado ver que despegues. Que le des un rumbo a tu vida en que no te vea ya con ésa cara larga cada vez que nos reunimos.
- Ese “cada vez” es menos frecuente, tu lo sabes. – le dije, dando un trago a mi bebida.
- Pues así es, así es... Ya lo deberías de saber.
- Ya lo sé. Solo pienso en si pudo haber sido diferente. Dime – le dije, cambiando un poco la dirección de lo que hablábamos – Tú hablas de verme despegar. ¿A qué te refieres con eso?
- A algo de empeño en que seas alguien, hijo – me dijo con tono severo – Que de una vez por todas te des cuenta de tu potencial. Y si la oportunidad está en otro país, en otro continente, que tomes esa opción. Que crezcas de una vez. Que seas lo que muchos esperamos que llegaras a ser.

Palabras y más palabras. Me dejé llevar por la imaginación mientras asentía a lo que me estaba diciendo, ahora con más energía y pasión en sus palabras, como si fuera aún un padre joven e intentara salvar a su hijo aún adolescente de las drogas, la holgazanería, o algún otro mal social actual. Un pequeño diablillo pareció materializarse en mi hombro, sentado y con un arpa negra en sus manos, recitando unas palabras incomprensibles para mí:

Oh, tan linda mi onírica mujer, tan dulce que has de hablar y tan bella que has de ser
¿Qué cosas han entrado y salido, de entre esas dos columnas que siempre abres al coger? Dime niña, dime niña, que me sueñas y me anhelas como en la primera vez
Pues me quieres e idolatras cual puberta en su idiotez...

Tan simplonas palabras de tan simplón genio diabólico me llevaron a sacudir un poco la cabeza y hacer un gesto de desagrado. El viejo me preguntó si algo de la comida me supo mal. Le dije que se me había ido un trozo demasiado rápido y tosí brevemente. Continuó entonces hablando, y concluyó luego de un minuto sus buenos deseos hacia mí, expresados con la calidez con la que los diría un veterano sargento instructor en el ejército.

- Tenemos que discutir un cierto asunto de una vez – me dijo de pronto.
- ¿Cuál es?
- El que te des cuenta que puedes ser feliz. Ésa debe ser tu meta ya ahora.
- Una meta mucho más complicada que el alcanzar una admisión a una escuela. O un título profesional y una cédula.
- ¡Ahora es cuando te tienes que preguntar para que fue todo eso! – me dijo, en ese tono de voz que me desagrada tanto nuevamente, como hablándole a un niño – Preguntarte qué te deja el esfuerzo del trabajo y lo demás. ¡Que levantes ése animo, chingado! Si tuviera tu edad...
- ¡Ah, no! – le interrumpí – No caigamos en esas frases cliché, tan ilógicas y torpes. Tú dices eso de mi, y a la vez puedo yo decir lo mismo, pensando en un niño de 15 años. Y el de 15 años puede pensar (si es que se detiene un momento en su jovial vida) que a la edad de nosotros es el paraíso de la independencia y plenitud. Y al final estamos todos pensando en algo que no vamos a alcanzar. Esa juventud y plenitud son el Santo Grial. Y no somos el pinche Indiana Jones, padre. De veras que no.

Por fin tuve su atención. Me dejó hablar, y es así como pude explicarle que ya tenía la certeza de que las cosas se habían terminado para mí. Hacía un año y fracción había tenido una ruptura amorosa la cual, junto con otros incidentes, hizo difícil el avance en otros proyectos. Y el viejo estaba ahí siempre, siendo el antídoto y el veneno a la vez; sermoneándome por mis fallas y enseguida dándome aliento y esperando la respuesta de un hombre-máquina. Le dije todo de forma rápida, atropellándose las palabras unas con otras, como en cascada. Cómo ya había perdido la esperanza de realizar el sueño del hombre común: dejar un legado, intentar perpetuarse a través de hijos, de la formación de una familia. Le dije, mientras la gente reía y conversaba de estupideces a nuestro alrededor, que la alegría y yo ya éramos agua y aceite. Y que tenía que adornar en todos lados mi cara de desesperanza con la más falsa y asquerosa de las sonrisas, solo para evitar los cuestionamientos de la gente, que en su mayoría son por el maldito morbo y no por genuina preocupación e interés.

Y entonces nos quedamos un momento viéndonos fijamente. Sin palabras, y sin cambio en nuestra expresión. Como dos títeres colgados en algún lado, dando la cara uno al otro. Ambos sujetando nuestros tenedores con la misma postura, los dos con un bocado en ellos esperando ser llevado a la boca. Juro que podía casi oír el engranaje de la bien nutrida mente del viejo, trabajando para idear algo novedoso que de alguna manera disfrazara su propia certeza de que lo que le decía era la verdad. Él lo sabía; lo atrapé desprevenido ésta vez. Tuvo la suerte de que al momento de estar ya dejando salir su respuesta –tal vez una desatinada- nuestros teléfonos celulares sonaron al mismo tiempo. Una amiga me llamaba para saludarme, y a él, su pareja con quien vivía hacia algunos años luego de su divorcio. Colgamos, y entonces se lanzó a la carga:

- Tú vas a encontrar y a tener a una buena mujer. Debes tener a alguien a tu lado.
- ¿Debo? – repliqué, ahora si dando cuenta de ese atrasado bocado - ¿Por qué debo?
- Porque sé que cuando la tengas, y a tu familia, vas a tener entonces la paz que nunca te he visto tener.

Impresionante. ¿Era posible que el viejo se ablandara y dejara de lado su dureza habitual? Por un instante fingí demencia – O me hice pendejo, como se diría más coloquialmente – contando las burbujas de mi refresco con hielos, frente a mí. La mesa, en el natural color de la madera de la que estaba hecha, atrajo mi atención por igual, contando las líneas en su superficie. No seguían un patrón, eran inconstantes, algunas delgadas y débiles, otras marcadas y fuertes. Impredecibles, como el viejo y un servidor.

- Pon tu fe en tu hijo más joven, papá. Yo estoy terminado.
- ¿Cómo que terminado? ¡No sabes qué estás diciendo! Puedes disfrutar. Estás joven...

Aquí el viejo hizo una pausa al sentir mi mirada, clavada en él, exigiéndole sinceridad. “Pero no tan joven ya” rectificó. Le dije que nos hiciéramos a la idea de que la esperanza de continuar la familia a través de mi era ya algo extinto, que pusiera sus esperanzas en mi hermano para ello. Le dije de cómo día a día esos geniecillos siniestros se me mostraban y me hablaban, tentándome a unirme al bando donde ya no se sufre. Aquí solo movió la cabeza diciendo un mudo No, dejando en claro que le restaba importancia al asunto y no le cabía duda que yo sabría manejarlo. Pedimos la cuenta y salimos del restaurante. Caminamos por un momento en silencio, hacia su auto. Abrió su puerta y me preguntó en donde quería que me dejara. Le di las gracias y preferí quedarme y regresar por mi cuenta, así que nos despedimos. Me quedé ahí de pie viéndolo salir del estacionamiento e incorporándose al tráfico. Estaba nublado, la lluvia anunciaba su inminente llegada en el ambiente, teniendo como teloneros a los rayos que se veían a lo lejos. Otro pequeño monstruo se materializó en mi hombro a decirme más necedades al oído. Lo ignoré.

Pasó ya tiempo desde esa reunión con el viejo. Lugares, personas, y recuerdos se marchitaron al transcurso de los años. No sé que pensaría él ahora. Yo aquí sigo, no en mar de dicha y alegrías, pero con mi dignidad bien puesta.

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12 oct 2007

Graffiti

vandalismo y graffiti en paredes

La gente en verdad me sorprende. No importa que tan reprobable sea una acción, siempre habrá una ingeniosa manera de adornarla y justificarla, queriendo aminorar la consecuencia que debieran tener los actos reprobables. Si una mujer es violada, culpar a su coquetería y a su llamativa forma de vestir, que "tentó" a los hombres. Si un idiota toma un arma y mata gente, la culpa es de los rockeros y la televisión. Y así sin parar, en una línea continua de culpas.

En esa misma línea cae el concepto del graffiti, y quienes en el presente lo realizan. El excusarse bajo el pretexto de quererse expresar contra una sociedad que está mal es algo ya muy gastado. Sin duda fue una vía de expresar el deseo de cambio e igualdad en épocas clave de la historia, mas ahora bajo esa misma bandera, la perrada satisface su deseo de dañar la propiedad ajena.

Odio a la gente que hace eso. No saben cuanto. Desde los animales que rayonean baños públicos y camiones, hasta los que hacen rayadero a gran escala en casas y edificios. Desearía que se les diera un castigo terrible. Arte urbano mis pelotas; de ninguna manera merece perdón esa gente que encima de hacer el daño, la mayoría de las veces ni siquiera escriben las palabras correctamente. Ya sea que pongan palabras en su propio lenguaje salvaje o imagencitas de la Virgen del Perpetuo Nosequemames. O peor aún, cuando en verdad se sienten poetas o artistas, siendo que lo que hacen o dicen está a años luz de ser trascendente u original.

Nada me daría más felicidad que tener el control sobre los castigos a impartir sobre los delincuentes como éstos. Adoraría tomar al azar un grupo de ellos y tenerlos bajo la amenaza de amputarles ambas manos la próxima vez que adornaran algún espacio público con su "arte". El simple hecho de saber que tendrían que volverse contorsionistas para poderse limpiar la cola después de cagar, les haría pensarlo dos veces antes de salir a hacer sus rayones con letras pedorras y monigotes ridículos. Espero en el futuro se endurezca la ley en contra de estos actos, no solo en papel, sino en verdad a la hora de dictar sentencia. He dicho.

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9 oct 2007

Mi hater que se siente un intelectual

 Relatos Recuerdos Criticas   

Hay un tal "Mike", que es el clásico que usa lenguaje rebuscado en vez de hablar de manera simple y directa, como debería hacerlo. Y no porque uno no le entienda (aunque crea que nadie más logra hacerlo y que su forma de hablar le coloca al nivel de las estrellas en el firmamento), sino porque lo corto y simple al opinar y/o debatir es siempre mejor. Se la ha pasado tirándome mierda en comentarios a casi cualquier cosa que publico algo.

Pueden deleitar sus ojos con la foto del tal Mike AQUÍ. Y lean un poco de su sabiduría:


• Mike dijo...
Recuerde buen hombre, que aquél que se casa con una ideología para siempre esta condenado a sufrir los sopores de la ignorancia ocasionada por uno mismo. Quiero suponer que poseé una edad relativamente joven.
Ya va siendo tiempo de que despierte, una segunda vez, claro, si es que se lo merece, pero por supuesto, antes hay que "madurar".

• Mike dijo...
je je je... pero lo bueno es que una persona como el recibe un "consejo" de fuente confiable.

Ahora; la pseudo-retórica que tratas de utilizar es imperfecta,e incurres en una bajeza al aprovechar (de una manera un poco más subjetiva) la situación para imponer las convicciones que TU has encontrado. Cuidado, ya que no son las únicas. Hay que recordar que las creencias o postulados que uno posee, no hacen mas que frenar la evolución hacia lo que se "debe ser".

• Mike dijo...
Me dan ganas de llorar, realmente.


Y varios comentarios más. No había dicho nada antes, pero mi respuesta al mencionado "Mike" es lo siguiente:

En este preciso instante estoy comiendo un helado. Sin decir marca, es uno de esos que traen dos sabores, de un nombre popular. Un barato producto, comprado en Wal-Mart cuando fui por la despensa de la casa, hace dos días.

Este rico helado va a ser digerido y viajará a través de mi cuerpo, descomponiéndose hasta llegar a ser caca. Esa misma caca será luego expulsada de mi organismo en un no muy agradable cuadro visual que probablemente asemejará a una tortuga asomando la cabeza fuera de su caparazón, o a una cascada de inusual color, dependiendo de en qué estado me encuentre en ese momento.

Ese peculiar cuadro visual, de una mierda cruzando el portal hacia su acuática tumba, es mucho más interesante que éstas y demás palabras tuyas (las de tus falsos y ridículamente pretenciosos blogs, que de seguro hiciste más de uno para que cupiera tu ego distribuyéndolo, en general), y fallidos intentos de parecer culto y en posición de criticar, "Mike". Te falta mucho, tanto en madurez como muchas cosas más. Anda, sigue alegremente saltando de un blog a otro exudando esa actitud pretenciosa.

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22 sept 2007

Reflexiones e instantáneas


1) De pequeño solían repetirme la máxima "No desoigas los consejos de los sabios y los viejos". Pero, ¿Y si el viejo era un pendejo?

2) Aumento indiscriminado al precio de la gasolina, reformas que amordazan la libre expresión, y no obstante hubo festejos por ser un país supuestamente libre. ¿Cuándo harán una guerra para independizarse de la ignorancia?

3) Mi añoranza por los momentos despreocupados de la niñez es tal, que me veo de pronto enfrascado en los juegos de antaño, en vez de los actuales. Aparte del suicidio, ¿Hay algún otro boton de reset para la vida?

4) Hay algunos sujetos que gustan de entrar al blog y firmar usando una identidad femenina. No sé si desconcertarme por su inexplicable interés, o por el hecho de que hasta ellos tienen más de niñas simpáticas, que muchas que conozco en la vida real.

5) Un diputado o senador es peor que una puta. Ésta última te cobra por dejarse coger, y quizá además te robe algo si tiene la oportunidad. Los otros en cambio cobran, te roban mucho más, y encima son ellos quienes nos cogen a todos los del pueblo.

6) Las palabras se toman de quien vienen, incluso las muy suaves a manera de "ofrecer una oportunidad", buscando calmar un poco un añejo sentimiento de culpa. Para todo ello, la respuesta es No. Y el pasado no se olvida.

¿Oííííííííste, tú?

7) Cómo adoraría ser un vampiro, un íncubo, un kallikantzaroi. Además de las obvias cosas especiales de éstos, esos cabrones no tienen que trabajar ni pagan impuestos.

8) Nunca dejaré de decirlo: Si dicen que desafortunado en el amor, afortunado en el dinero; ¿Dónde esta mi maldito dinero?

9) En el Consejo de mi privado círculo, la recomendación general fue que perdone. ¿Qué piensan? ¿Perdono?

10) Favor de añadir "insubordinado" a la lista de calificativos puestos al autor de éste peculiar blog.

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19 sept 2007

Concierto de Marilyn Manson en la Ciudad de México

 CulturaPop Arte Entretenimiento   
Marilyn Manson - Mexico - Salon Vive Cuervo - Sep 2007

"N" y un servidor estamos de vuelta en Monterrey, luego de haber visto el concierto de Marilyn Manson en la Ciudad de México, en el Salón Vive Cuervo. Llegamos, y directamente fuimos al lugar donde iba a ser, dedicándonos luego a hacer tiempo en los lugares cercanos.

El evento comenzaba a las 9, asi que para las 6 de la tarde estábamos ya haciendo fila, la cual daba ya la vuelta a la calle. La espera fue de 2 horas, amenizada con la lluvia incesante que caía en la ciudad en esos momentos. Soportamos estoicamente, hasta que por fortuna la fila avanzó y pronto estábamos siendo ya manoseados por los empleados de staff del lugar, para luego entrar y esperar. El lugar está bien acondicionado, a pesar de ser pequeño. La gran ventaja de esto era precisamente lo cercano que puede verse el escenario, a diferencia de estadios y otros sitios grandes. La gente inflaba globos y condones para después hacerlos rebotar de un lado a otro, mientras nosotros nos manteníamos a prudente distancia; medida que mantuvimos a lo largo del evento, pues aunque tenemos la energía y espíritu para rockear por mucho, esos cabrones eran muy fuertes, y la mota les da poder adicional. Dejamos, pues, que se entretuvieran dándose en la madre.

Nos dedicamos a estudiar el escenario: La batería de Fish con el símbolo del corazón en espiral colocada ligeramente al lado derecho del escenario, los teclados acomodados para hacer la forma de la Cruz de Lorraine, y las letras MM hechas en forma de manchas de sangre colocadas a ambos lados. Las máquinas en el escenario soltaban humo sin parar, para hacerlo apenas visible. El entretenimiento mientras tanto fue el ver que sacaran a un revoltoso, para que luego su compañera (una chica rapada de un lado solamente) fuera a pelear con los de seguridad, y luego volviera a la multitud para pasarse gritando una y otra vez "¡Sacaron a Manuel!". Imaginen la infinidad de respuestas de la gente para ella.

Aproximadamente a las 9:15, el lugar fue puesto a oscuras, y los gritos de la gente no se hicieron esperar. Las notas de una pieza de Schubert se escucharon como intro (melodía que puede escucharse como el tema principal de BARRY LYNDON, del genial Stanley Kubrick), y la gente enloqueció. Luego de unos minutos, la música de If I was your Vampire se escuchó, y la figura de Manson y la banda pudo al fin distinguirse de entre el humo. Vestido con pantalón negro, playera sin mangas y una línea roja de maquillaje perfectamente dibujada a lo largo de su rostro, salió a cantar de forma entregada, y todos coreamos a la vez.

Luego, Disposable Teens comenzó, y todos saltamos sin parar. Al terminar, se dirigió al público, diciendo que hacía mucho desde la última vez que estuvo de visita, y que ahora estábamos siendo filmados. Comenzó el estribillo de mOBSCENE, dando pie luego a la canción. Le siguió el coro unísono de nosotros su público, gritando el clásico We hate love, We love hate, iniciando así la poderosa Irresponsible Hate Anthem. Manson se acercaba al público, yendo de un extremo a otro, y su voz gritando inyectaba fuerza a la audiencia.

Just a Car Crash Away vino a continuación, momento tranquilo donde muchos cantamos de principio a fin. En el solo de guitarra, Tim Skold se lució como el músico que es, lo cual valió un merecido reconocimiento. Un espacio de tiempo en calma, y Sweet Dreams comenzó, con Manson usando un reflector apuntando a la gente. Empezó luego una competencia para saber qué sección del público podía gritar y ovacionar más fuerte, seguido de un momento de silencio y oscuridad, para luego escuchar los tambores enérgicos de Fish, dando comienzo Putting Holes in Happiness, con Manson usando gabardina y sombrero color negro. En éste momento cumbre del concierto, Heart Shaped Glasses vino luego, seguida inmediatamente por Fight Song, en la cual muchos ya agotados tomamos nuestro segundo aire.

La voz del track #99 del Antichrist Superstar empezó a escucharse, siendo el intro de The Reflecting God. Muchos estuvimos de acuerdo en la sorpresa que fue el que incluyera dicha canción. Al concluir ésta, Manson apareció con un saco blanco (No alburear, por favor), para interpretar The Dope Show. Terminando, nos pidió corear Rock, Rock, Rock!, dando inicio a Rock is Dead. Al terminar, la banda había desaparecido del escenario. Hubo una larga espera que se tornó desesperante para la gente, donde no se veía si fueran a encender las luces o a continuar. Finalmente volvieron, e interpretaron The Beautiful People para cerrar la noche. Manson envió besos y reverencias al público al final, y salieron, encendiéndose las luces acto seguido.

Un grandioso concierto, aun y con la comprensible medida de acortar el setlist de canciones y omitir efectos especiales del show debido a lo reducido del lugar y el número de asistentes (El Salón Vive Cuervo tiene capacidad para 3,500 personas solamente). Un show con ambiente más privado y de cercanía, donde vimos a Manson con mayor entrega y aprecio por sus seguidores. Acto seguido, con las piernas lastimadas y doloridas, a la par de la garganta, caminé penosamente al lado de "N" hacia la salida, tomamos un taxi, y 15 minutos después estábamos ya en la central abordando un autobus de regreso. Concluyó así la tercera ocasión en que he visto a MM, esperando no sea la última, y con ánimos renovados me reintegro a la vida cotidiana otra vez.

Marilyn Manson en la Ciudad de México, Salón Vive Cuervo, 18 de Septiembre 2007:

Marilyn Manson - Mexico - Salon Vive Cuervo - Sep 2007

Marilyn Manson - Mexico - Salon Vive Cuervo - Sep 2007

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16 sept 2007

Otro día de septiembre


*Bostezo* ¿Aburrido? Sí, creo que más que otras veces.

El trayecto de anoche, en paseo como tantas ocasiones al ser asaltado por pesadillas y desvelos, encontrándome de pronto vagando por las calles e inspeccionado por la vista desconfiada de los supuestos guardianes del orden, en sus modernas carrozas de metal con bellos e hipnóticos rojos y azules que bailan y bailan sin parar.

- ¿Te sientes mal? - preguntó mi interlocutor con quien hablaba momentos antes.
- No es nada - respondí - Somos compañeros, camaradas, soldados de la misma armada. No involucro paisajes de tristeza en tu misión de búsqueda de felicidad individual.

Así me salí a la calle. Libre, con otras cosillas reemplazando la alegría en el organismo, buscando estar sin atarme, sin condenarme a algún recuerdo. Ya a esas alturas, no sabía ni lo que era un recuerdo. Tan solo era un pedazo de carne que respira más, dejándose llevar por el viento mismo, igual que he permitido que el mundo me lleve en su corriente todos estos años. Bendito Vacío, que sin duda eres también Shaitan. Desde hace tiempo me di cuenta que tú eres en verdad el Salvador. Porque la nada mata todo, lo Bueno y lo Malo por igual. Y donde solo está la Nada, no se sufre.

No sea esto tomado como un conjunto de palabras lastimeras, mas al contrario, de exquisita alegría. ¿Y a los que están en dirección contraria? Esperemos que en unos años tengan palabras nuevas, algo que justifique su existencia, una idea original. ¡Salud, salud! En el futuro, donde estemos, espero que el mundo nos haya permitido cosechar aún más aventuras y sonrisas; de las sinceras, las que vienen en momentos que preferimos vivir en vez de que nos los platiquen.

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14 sept 2007

Divagaciones


No es de extrañarse que en tiempos modernos, gobiere lo ridículo y material, sobre lo realmente valioso. Recientemente tuve la oportunidad de escuchar a un matrimonio quejándose de ello, conversando mientras esperaban su comida para llevar en uno de tantos lugares en la calle.

Soy de aquellas personas que en vez de pensar el clásico y socialmente aceptable "Pobre de él/ella, ojalá le vaya bien y salga adelante", lo que pregunto es: "¿Por qué?". Viene a mi mente una lista de personas y eventos en donde predominaba el preguntar por qué fulano no quiso hacer tal cosa, por qué sutano tuvo que sentirse con mayor hombría acelerando un coche el cual no sabía ni manejar del todo bien, y otras tantas que ya los lectores han oído seguro una vez al menos. De igual manera aquel que cuenta algo afortunado, viene a mi mente el por qué, o a costa de qué pudo tener tal cosa. Raros son quienes se detienen a reflexionarlo.

¿Estamos en un mundo que es una parcela de cultivo de indiferencia? Temo que sí. Y ya a éstas alturas es difícil determinar en manos de quién está la responsabilidad en el momento. Al siempre confiable gobierno se le ocurren novedosas formas de manejarlo, como siempre a costa de la libertad de pensamiento y acción. Como se ha visto en los últimos meses, se implementan toques de queda, revisiones a menores en escuelas, y tantas cosas que me hacen pensar que se ha perdido por completo la facultad de decidir y actuar. Cuando un conocido se queja de haber sido detenido por "la autoridá" y presionado, no sé si hablar en pro de los derechos, o decirle al bastardo de etílicas adicciones que quizá lo salvaron de ir a adornar el pavimento con sus propias entrañas.

No me presten mucha atención. Estoy divagando en éste escrito sin consistencia o sentido. Debe ser el tiempo, la edad u otra cosa. Espero se hallen bien. Y ya sea que lo estén o no, concluyo haciéndoles la misma pregunta: "¿Por qué?"

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