A todos nos ha sucedido. Desde niños, hasta ya adultos, el famoso amor imposible. O bueno, el que las circunstancias, tradición, y posibles consecuencias han tornado imposible. Los crushes, amores imposibles.
Cabe aclarar que hablo de los crushes que por alguna cosa no pueden darse, mas no de los enteramente platónicos. El platónico se forma cuando solo tienes la idea (Platón vislumbró el concepto de lo que es la Idea. Por ello se llama así. Nota extra cultural). Tu celebridad favorita, aquella a quien deseas locamente, tal vez en la vida cotidiana sea insoportable, o tal vez es agradable pero nada extraordinario. Sin embargo, para ti seria de lo mas genial el tenerla. El concepto, o idea, que te has formado de la persona lo volvería un acontecimiento inolvidable.
Pero, ¿y cuando es alguien a quien sí tratas en tu vida, con quien sí convives?
En una ocasión, ocurrió que a un amigo y a mí nos gustó la misma chava. De esto hace ya muchos años. Pero había tenido éxito en sepultar lo que me provocaba ella, luego de que empezó a andar con mi amigo. En fin, anduvieron, y mi respeto fue total. Pero cuando se dio que se separaron, en una conversación con él, salió ella al tema. Y de él nació el decir que si yo intentara algo con ella, que por él estaba bien y no había problema. Le pregunté si lo decía en serio, y afirmó que sí. "Es más, llámale".
Le llamé, aceptó verme, la acompañé a pasear al perro de su vecina, al que le habia dejado por irse de viaje. Las cosas evolucionaron, hasta que llegamos a tener algo. La pasamos bien, el sexo fue genial, y me sentía a gusto.
Y el cabrón este de mi amigo va saliendo con que "en realidad esperaba que yo me hubiera negado a buscarla". Tan sencillo que es decir: "Aun la quiero, aunque es una culera que me abandonó, y no querria que alguien más se le acercara". Fácil, simple.
La chica en cuestión acabó por mandarnos al carajo a los dos. Ni siquiera nos tomaba en serio. Pero eso fue solo una anécdota de amor "imposible" y prohibido.
La última y nos vamos, como dicen. Existe otra que me viene a la mente, de tiempos más recientes.
La Tía. No, no una tía mía. Era la tia de una ex, jaja.
En su familia, las mujeres en su mayoria son atractivas. Y habia escuchado sobre la Tia antes (está de más decir su nombre, era su tia, punto). Compañeras de clase de mi ex y mias me mencionaron alguna vez que se trataba de una mujer muy guapa y simpática.
Pero las palabras no le hacían justicia. Y me di cuenta de ello cuando por fin la conocí. Visitamos su casa, y cuando me la presentaron y estaba dándole la mano, antes de abrir la boca para decir "soy Alejandro, mucho gusto", me ocurrió como en Friends, cuando Denise Richards hacía que a los tipos les sonara la música de Barry Manilow en la cabeza.
Durante la conversación, me comporté lo mejor posible. Era, efectivamente, muy simpática. Con todas mis fuerzas intentaba ignorar el hecho de que mientras le prestaba atención, en mi mente estaba esta canción como fondo musical:
Y entonces ocurrió: la Tia le dijo a sus hijos que fueran por algo de cenar para todos, y mi ex los acompañó. Y como quería hablar conmigo, me quedé solo con ella.
Amigos míos, ni en la época de mi pubertad, contemplando pornografía y viendo a mis compañeras de colegio, sentí un impulso tan cachondo, cabrón, letal, sexoso, imperioso, goloso, poderoso, y muchos otros osos, como en ese momento.
Atiné a seguir la plática y contestar las preguntas de la Tia respecto a mi familia, a mi trabajo, y no sé qué más. Pero ya me encontraba en una nube de pensamiento. El terrible demonio del deseo en forma de un invisible humo acariciante, me rodeaba y se enroscaba en mi cuello, acercándose a hablarme al oído y proponiéndome hacer varias cosas.
La Tia tenia un elegante vestido color oscuro que dejaba ver sus hermosas piernas, blancos pilares que resguardaban la entrada al Paraíso de su interior. La imaginación hizo presa de mi finalmente. Pensé en hacer rodar a esa beldad de piel maravillosa por el suelo, fundidos en apasionado abrazo. Tenderme a prestar merecida adoración a su ser.
Me veía deleitándome al darme cuenta que su vulva exquisita sabía a la más dulce fruta, húmeda, extasiante. Sus piernas se enroscaban alrededor de mi, y su cuerpo se ondulaba al contacto de mi lengua y otras de mis arremetientes extremidades. Mi ansiosa daga sexual efectuaba finalmente el sacrificio de su sagrado montículo, nuestra batalla era de fuertes contastes: complaciéndonos salvajemente, amainando y tratándonos con dulzura, perdidos en el delirio.
- ¡Ay, Alex! - exclamaba ella - ¡Estoy ardiendo, dámela toda, oh sí oh sí!
Finalmente, la última pizca de energía se iba de nosotros, y nos quedábamos tendidos, agotados, abrazados y sin querernos soltar. Y luego ya, salen los créditos de tremenda película tres equis que nos acabamos de improvisar.
Por desgracia, eso pasó solo en mi mente. La conversación fue muy normal, y el hecho de que me hubiera pedido que platicáramos era, por supuesto, para sondearme. Cuando llegaron los demas, se reventó la nube. Y ya. Aclaro: NO, nunca le tiré la onda y ni siquiera insinué nada a la Tia, por si se lo están preguntando. Ya sabía lo que ocurriría si se me vencía la tentación de hacerlo.
¿Y tú, lector? ¿Qué anécdotas de amores imposibles quieres confesar?







