23 oct. 2020

Insomnio

 

El insomnio es el compañero más leal y apegado que he tenido. Ha estado conmigo desde la adolescencia, y ninguna terapia, técnica, o remedio lo ha podido alejar por completo. Ahí está, siempre conmigo, dejándome a veces por muy cortos periodos de tiempo, pero siempre volviendo a mi.

Es útil cuando el desvelo es necesario, ya sea por trabajo o diversión. Al ser noctámbulo, no hubo nunca riesgo de ser el último en quedarme dormido en alguna fiesta a la que fuera, y que terminaran haciéndome algo de lo que se le acostumbra hacer a quien se duerme. Por eso en el pasado hasta llegué a aprovechar ese tiempo despierto para escribir cualquier cosa, o si había salido a algún bar, hacer un post ebrio, seguido de otro más. Hasta estando ya muy borracho, el conciliar el sueño no es fácil.

Y así suelo estar, aunque tenga que trabajar a la mañana siguiente: resignado a no poder dormir. Escuchando mis playlist de música, viendo películas, fumando un cigarrillo, viendo más películas, de vuelta a jugar más juegos, dar un vistazo a redes sociales y pensar por enésima vez que ya no hay nada novedoso ni en realidad estimulante ahí. De ahí viene de manera invariable el pensamiento de que debo ya llevar a cabo mi mudanza de algunas de las redes populares a otras que son no populares pero a la vez no censuradas o invadidas por la mojigatería y prohibición. De ahí viene el momento en que tanto estar de ocioso y pensando cosas me da hambre. 

Me lanzo a la cocina y me preparo algo. Alguna botana que me sea posible improvisar. Y si no, allá voy, en plena madrugada, a buscar algún puesto de tacos o por lo menos a la tienda a comprar algo. Por algo es que uno se vuelve gordo; no ejercitar y ni siquiera dormir bien y llenar esos huecos con comida, ¿qué más puede uno esperar? Y bien, de ahí a tal vez leer algo, o a seguir viendo cosas en línea pero con un momento de silencio, hasta que empiezan a llegar más pensamientos atropellándose unos a otros: dilemas existenciales sobre el más allá, o preguntándome qué hacer si se acaba el mundo, la nostalgia de tiempos pasados y mejores, las cosas que resolverían todo pendiente de inmediato, etcétera.

 Y de nuevo, a comenzar desde el principio, ese ciclo de ocio de cada noche. Hasta que al final, y solo cuando ya comienza a verse la luz del sol, empieza a llegar el ánimo o la disposición de dormir. Pero eso tendrá que esperar; hay obligaciones que atender durante el día, después de todo. Así que, a llenarse de caféina, como el adulto clase media-baja trabajador promedio, y a seguir. Porque como dicen muchos: "no hay de otra". Y sí, al parecer no la hay...

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7 oct. 2020

Adiós a mi terapeuta

No es la primera vez que hablo de la partida de este mundo de alguien cercano a mi de alguna manera. Ya antes hablé de la señora de la tiendita y de mi camarada de la adolescencia. En esta ocasión, la persona de quien hablaré es de quien comenzó siendo mi psicoterapeuta y yo su paciente, pero al paso de los años, aún manteniendo el respeto de ese original arreglo, también podíamos platicar con la confianza y soltura hasta el punto de considerarle un confidente, consejero, ¿y por qué no decirlo?, como un amigo.

Lo llamaré tan solo El Doctor. Y lo hago porque en efecto, era médico especializado en psiquiatría. Para un caso como el mío vaya que ameritaba un psiquiatra, y gracias a alguien que era un amigo mío en el pasado me enteré del Doctor, y poco antes de que el amigo que me refirió y yo termináramos en pleito y nos dejáramos de hablar, alcanzó a darme los datos del consultorio e incluso a hablarle al Doctor sobre mí. Después resultó por coincidencia que él y mis padres se conocían de sus tiempos de estudiantes, así que desde ahí tuvimos más cosas de las cuales hablar.

Los años que fui su paciente no solo fue el atender lo peor de mi trastorno y desequilibrios en sesión y aparte en ocasiones recetar algo para ello, sino que al paso del tiempo y resolviendo en cierto porcentaje las cosas mas serias, pasamos a tener debates sobre muchas cosas, tanto de mi vida como de dilemas filosóficos y existenciales que desde siempre me han atormentado y sobre los cuales él gustoso salía incluso del papel de terapeuta para hablarlo conmigo en el nivel de un hombre de más edad y más experiencia hablándole a alguien menor que él con una historia distinta. Coincidíamos en unas cosas, otras no, y en ciertos puntos llegábamos a un punto infranqueable, por así decirlo. Otras veces podíamos hablar de cultura pop, de historia, de la realidad sociopolítica del país y del mundo, y lo que fuera que surgiera en esa sesión.

Tengo el consuelo al menos de que las últimas veces que lo vi, más de una vez le dije de forma directa que le estaba muy agradecido por lo que llegó a hacer por mí. Aquí imagino que algunas personas, sobre todo de quienes me han conocido en mi vida, dirían alguna cosa como: "¿Te ayudó, dices? Si estás bien loco y bien traumado y etc". Bueno, a eso diría que aunque tiene algo de razón esa afirmación, sé con certeza de que sin la intervención del doctor, estaría diez veces peor. Mas aun, aunque no todos los problemas se extinguieron y algunos permanecen, se disminuyeron en cierto porcentaje, como dije antes. Y eso los vuelve manejables. Permite que uno viva, y no solo sobreviva. Y ese era el deseo del Doctor para mi, que me llegó a decir: que quería que viviera. Que aún con el descontento mío hacia cómo es la vida y la realidad y en sí el universo mismo y sus leyes que le gobiernan, y la imposibilidad de cambiarlas como desearía, pudiera de todos modos acercarme lo más posible a la plenitud. Tal era su deseo para mi, algo que también le agradezco, pues se trataba de algo con más estima y de corazón de lo que un paciente esperaría de un profesionista médico que le trata. Más aún, porque muchos saben la importancia de, a la vez que se mantenga el rapport, evitar la transferencia.

Al ocurrir mi despido injusto del peor lugar de trabajo de mi vida, el Doctor tuvo no solo su manera de tratar mi sentir, sino hasta recomendaciones prácticas sobre cómo salir adelante. Al suceder el problema de aquel amor donde la chica no se portó muy amable que digamos, de nuevo ahí estuvo apoyándome yendo mas allá en sus observaciones, consejos, y métodos prácticos para sobrellevar el duelo y sobre todo para aprender. Quién sabe cuántas veces, y seguro fue más de una, debo haberle parecido al Doctor de plano un (Alerta: Referencia Geek de Anime, si usted es intolerante a ello, pues aguántese, está avisado ya) Shinji Ikari, de Neon Genesis Evangelion. Y es que aunque en conducta y desenvolvimiento social soy lo opuesto a él, admitiré que esos dilemas y quejas que atormentan su mente de forma continua son casi réplica de los míos. Basta ver los episodios 24 y 25 de la serie original, y casi es como una copia mía. Pero ese no es el tema a abordar a más detalle ahora; como decía, lo anterior debe haber sido una cosa mas que fastidiosa para el Doctor. Y aún así, ahí estaba, dando mucho más allá de lo que un psiquiatra está supuesto a dar por alguien a quien trata.

Cuando me avisaron de su deceso, fue algo sorpresivo. Es curioso; muchas veces ocurre que gente próxima a mi que se va, le ocurre el mismo día que un artista que me cae bien. Como cuando mi querida abuela, con quien viví, murió justo el mismo día que Bob Ross, el pintor de los cuadros felices. En esta ocasión, mi psicoterapeuta y confidente se fue de este mundo en la misma fecha que murió Eddie Van Halen

Llamé al hijo del Doctor, le di mis sinceras condolencias a nombre de mis padres y por supuesto el mío. Y aproveché para comentarle cuánto hizo su padre por mi y lo mucho que eso significa. Lo que me queda por decir es que el Doctor era una gran persona, y en serio espero que esa otra realidad, otro plano, u otra existencia o universo o como sea que se le quiera llamar, sí exista. Y allá donde esté tras ese umbral luego de haber cruzado eso, que se le haya dado lo mejor que fuera posible darle, luego de su paso por esta vida. Y bueno, ¿qué se puede decir de ésta? Nos sigue dejando sin respuestas a las más importantes preguntas, mientras que seguimos diciendo adiós a tantos, una y otra vez, en un ciclo sin nunca acabar.

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