1 jul. 2020

La historia de cómo me volví gordo


- "Mira nadamás, cabrón. Así es como le has dado en la madre a tu cuerpo hasta ahorita,¿cómo ves?"

El tiempo: últimos meses del año 2019. Lugar: uno de los hospitales en mi ciudad. Como otras veces he comentado, vengo de una familia donde abundan los trabajadores de la salud. El doctor, conocido de mi padre, me habla con esa familiaridad sin ningún problema. Sobre todo porque al haberme hecho las últimas pruebas de imagen, ahí tenía él todo en la pantalla de la computadora del consultorio, dejando que lo viera mientras palabra por palabra iba detallando los daños que mi flojera, negligencia, apatía, y estupidez permitieron.

Aquí aclaro algo: sin tener que dar mis medidas e historial específicos, puedo decirles que soy alto. De no ser por mi estatura, el problema del peso se notaría más. Y no estoy en el punto mórbido tampoco ni invalidante. Tengo la famosa "barriga chelera", el abdomen enorme que suele asociarse con los que han engordado en base a meterse cerveza tras cerveza como si no hubiera un mañana, y terminan viéndose como una mujer con ya 9 meses de embarazo. Ese es mi bulto, mi "bebé adiposo" que en el presente cargo a todos lados. Las excusas siempre existen. Por supuesto que hay ciertos padecimientos médicos que hacen engordar a la gente y esos son la excepción, y dichos pacientes son aparte. Pero en su mayoría, y es algo que incluso los negacionistas saben bien, engordamos porque en cierto momento de la vida nos topamos con un pretexto para no hacer el ejercicio físico requerido, y encima nos acostumbramos a comer lo delicioso y más a la mano que nos encontramos: o sea, lo que engorda. Y por ello es que bajar de peso está en la lista de cosas difíciles de cumplir para cualquiera.

Más de una vez me ha sucedido que escucho a alguien sin algun padecimiento médico subyacente que está gordo como un planeta, y se da gusto poniendo pretextos sobre ello. Ya saben, como algunos de los que aparecen en el programa My 600-lb Life (Kilos mortales). Quienes tienen antecedentes de sufrir abandono o maltrato, se respeta la seriedad del asunto. Pero el que se vuelvan además negligentes y se acostumbren a usar esa parte de su vida como excusa y no pedir ayuda profesional, les hace sus propios verdugos. Siguen haciéndose a si mismos el daño que iniciaron otros en aquel otro tiempo, y lo triste es que lo tienen a nivel consciente solo a medias.

En mi caso, por fortuna no hay antecedentes ni de algún problema físico favoreciendo el no poder bajar de peso, y tampoco historial de maltrato u otra cosa horrible en mi vida. Soy tan solo un tipo que se volvió flojo y se creyó que ese super metabolismo duraría siempre, y ya en el recorrido de los 30's se me ha dejado claro que no es así. Logré perder algo de peso el año en que tuve que ir a la consulta que comencé describiendo, para después sufrir el famoso rebote apenas dejé de ir a ejercitar y volví a los antiguos hábitos. Así que mientras otros cuentan sus historias con drama para después llegar a un final feliz, esta que les cuento y es la mía no tiene nada de eso: es bastante común, sin tanto drama; no porque no tenga drama mi vida, de eso tiene un montón, pero en cuanto a drama involucrado a la gordura y eso, pues no.

Cuando aún era delgado, vaya que lo era, debo decir. Era como un espárrago, e igual de flexible. Así lo fui toda mi niñez, adolescencia, y primeros años de adulto joven. Además de tener un muy buen metabolismo (no tan bueno como el de los que son benditos en su genética y lo conservan hasta ya mucho más grandes, pero aún así bueno), contaba con el ejercicio que hacía en el karate, al cual iba desde pequeño. Siempre solía decir que si había algun pequeño aumento de peso asomándose por ahí, me lo bajaban a punta de madrazos en la siguiente vez que me tocara ir. Y bueno, entre esa actividad y un metabolismo aún excelente, no había ni asomo de ese problema. Me acuerdo incluso que veía yo el sobrepeso como un problema "de otros". Algo que nunca me iba a pasar a mí. Y pues, si pudiera hablarle a mi yo de aquel distante pasado, diría: "Oh, ternurita. Déjate de mamadas. Jamás dejes de hacer ejercicio, y deja de tragar tanto pensando que eres indestructible, cabrón".

Llegó el punto en que por trabajar para poder traer algo de dinero, querer tiempo para estar con quien era mi novia y aparte con amigos, y por supuesto ir a clases, decidí recortar de mi vida algunas cosas, y entre ellas se fue el karate, mi único ejercicio. Y aunque al principio solo se notó una muy pequeña barriga aguada, no era algo que viera como algo alarmante. Pero entonces cometí el segundo y definitivo error: meterme a trabajar en un restaurante de comida rápida. Esto se lo aconsejo siempre a cualquiera que quiera hacerme caso: nunca trabajen en un lugar así. Aparte de la mala paga y jefes insoportables, el riesgo de engordar por estar ahí es muy grande. En ese sitio en particular donde estuve puedo decir que lo único que me gustó fueron las fiestas que se hacían con los otros empleados de ahí. Un deprave de fiestas que ya en otras veces escribí mencionándolas, pero no es el tema en esta ocasión. Dejando de lado esa única cosa buena del puesto, estaba el problema de ir engordando a medida que seguía trabajando ahí.

A lo largo de mi turno empecé a hacer lo que muchos: estar tragando a cada rato. Cada que salía algo de las freidoras, era siempre agarrar un poquito. De lo que fuera. Ni siquiera era por hambre que lo hacíamos, la mayoría, sino por la mala costumbre. Y ahí estaba entonces, comiendo poco a poco a lo largo del turno algo que era puros carbohidratos, sumando a cuando llegaba mi hora de comida, en la cual comía de lo mismo que ahí se vendía. A esto se agregó algo que fue estupidez única mía (siempre resaltando y haciendo la diferencia, yo), porque esto sí fue algo que otros no hacían: por el calor que hacía de las freidores, tuve la brillante idea de estar tomando refresco siempre. Me la pasaba sudando, debido a que de por sí soy poco tolerante al calor, y aquí estaba en un lugar cerrado con freidoras. Al paso del tiempo seguí cometiendo esa imprudencia en la que ni siquiera atiné a elegir tomar del refresco light. Ah no, por supuesto que tenía que estar tomando del normal. Así, una ingesta de calorías que se iba por los cielos durante el turno de trabajo, y a eso agregarle lo que comía por fuera.

Pasado el tiempo y al salir de ese tipo de trabajo, ya tenía ahora sí el sobrepeso notorio. Lo que vino ya en años futuros de aumento fueron algunos kilos, entre semestres de la carrera y cosas así, pero el gran salto, por decirlo de alguna manera, fue al estar laborando ahí. Y bueno, de ahí vienen después los intentos fallidos de volver a aquel tiempo de gloria en el que tenía una agilidad y flexibilidad que ahora que recuerdo esos tiempos, me cuesta creer que era to mismo. Así que ahí tienen, se trata de la historia de una persona más que por la comida rápida se volvió gordo. No tanto con cerveza y otras cosas como le ha pasado a muchos, sino por esos antojos que estaban tan a la mano, y los refrescos.

Pero aquí es donde aclaro que no soy como los conocidos llorones de una generación podrida que culpan a todo mundo por no admitir su propia responsabilidad. Y tampoco romantizo lo que obviamente es un problema de salud que vincula elementos físicos y mentales. Por eso es que es absurdo y reprobable ver a quienes, al ver un problema que tienen en su vida, les sobra tiempo para andar culpando con su dedo acusador. Si fuera como ellos, ya andaría victimizándome y diciendo que la culpa es de la comida rápida, y manipulando mi historia en redes sociales para atacarles y dar lástima, como si los de las cadenas de comida rápida u otras compañias te pusieran una pistola en la sien para obligarte a consumir.

Podría también decirme víctima de tanta promoción y anuncios y que por eso engordé, y culpar a esas compañias por saturarme de comerciales en todos lados, y culpar al capitalismo entero de una vez, y cuanta cosa. Pero no, porque repito: yo no soy un llorón mentiroso que no se responsabiliza de sus propios errores. Tampoco me verán justificando el daño que le he hecho a mi propio cuerpo creando un movimiento de supuesto "orgullo" por tener depósitos de grasa en el cuerpo que impiden su adecuado funcionamiento y me ponen en peligro. Solo un mundo que se ha vuelto loco e incoherente admite que se popularice algo así en vez de etiquetarlo como debería, y contenerlo.

En resumen: estoy mal, y aunque elementos externos y otras personas hicieron cosas que favorecieron mi abandono, tengo la madurez, inteligencia, y seriedad suficiente; algo que esos llorones a los que hago alusión, que ya muchos hemos visto no tienen. Ni mis padres, ni los amigos que se fueron, ni las mujeres que quise y me dejaron por distintas razones tienen la culpa, aun y con el hecho de que, como dije antes, tuvieran cierta influencia en la cadena de eventos de mi vida. Tampoco la tienen el mundo y sus eventos estresantes, ni la vida en sí con sus cosas tan injustas y sin respuesta, justicia, o lógica. Porque con todo y lo anterior, la responsabilidad estaba y aún está en mi, al igual que lo está en cada uno. En el presente, sigo igual. El tiempo y yo mismo dejaremos en claro en el futuro si las cosas siguen así o si se corrigen. Pero incluso si no, a pesar de tratarse de la historia de un sujeto más con sobrepeso que siguió mal hasta el final, será la de alguien que al menos tuvo la decencia admitir que fue por si mismo y su acción (o inacción), y no escudarse en experiencias malas de la vida, en el hábito de culpar siempre al otro, o ampararse en pseudo-movimientos sociales que mediante falacias quieren afirmar que es correcto y aceptable algo que la ciencia y la razón misma nos dicen que no lo es.
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25 jun. 2020

Portadas de discos graciosas

Muchas veces el arte de un álbum musical es tan memorable como el contenido mismo. Puede ser representativo en forma directa de lo que la banda o artista nos presenta con su música, y otras veces incluso puede traer enigmas a analizar y resolver entre la portada y el arte interior. O bien, solo algún mensaje o guiño que decidieron dejar para los más fieles y entendidos.

Y otras veces es algo que... bueno, caray. Está cabrón, no hay cómo más decirlo. Y por supuesto que esto es algo que debía compartir. Portadas de discos tan únicas, raras, y especiales, que de plano le llevan a uno a reflexionar. Es tan malo que es bueno. ¿Qué les parece si comenzamos? Vamos a ver:

Papoose - Le Grand Cirque (Hey Ho)


Y comenzamos con fuerza. Estoy tan absorto con esta imagen que no sé ni cómo comenzar. El color (el de la portada y el del pelo de los sujetos), el tipo de letra, el acomodo de los nombres al más puro estilo "al carajo" dejándole a quien escucha la tarea de investigar cuál es el nombre de la banda y cuál el del álbum, pero sobre todo: esas miradas. Es oro puro. Nuestro amigo justo al centro con pelo morado enfoca su mirada a un punto lejano; metáfora precisa de lo lejana que quedó la oportunidad de ser un músico recordado y tomado en serio. A su lado, un tipo que es una extraña versión genérica de un Gene Simmons con pelo verde, y del otro lado dos integrantes con cara de "Pues ya estamos aquí y ya hicimos esto, ni hablar". Reconocimiento especial al de pelo azul en la esquina inferior derecha. Ese hombre estaba comprometido con el momento, y se nota. Él dijo: "si vamos a proyectar fuerza, sexualidad casi animal, y misterio, que así sea, demonios". Falla enormemente en lograr cualquiera de esas, pero qué dedicación.

The Handsome Beasts - 04


Ok, estos metaleros británicos de antaño no podían dejar de estar aquí. Tengo que aclarar que no es afán de tirarle mierda al vocalista (a quien podemos ver tan gloriosamente en la portada, dentro del cero), porque para empezar, falleció ya. "Ya está juzgado de Dios", diría mi querida abuela. Y segundo: porque a fin de cuentas, el metal de antaño es algo que yo aprecio. Hasta tengo mi Elseworld donde fui un rockstar que llegó a su ocaso. Pero recordemos, aquí estamos en el tema de las portadas de álbums en sí, y pues vaya que a estos señores se les reconoció siempre por las suyas.Además, no voy a burlarme a alguien que, voy a ser sincero, posiblemente es la imagen de cómo me voy a ver dentro de 30 años más a partir de cuando escribo esto. Lo que sí diré es: qué confianza de cabrón, véanlo nadamás. Porque para andar sin camisa cuando se está delgado y musculoso con cuadritos definidos en el abdomen pues cualquiera. Pero para atreverse a dejar para la posteridad el despliegue adiposo de esa forma, se necesita ser un tipo decidido. No sé si el cerdo justo abajo sea algún comentario oculto respecto a lo que es el sobrepeso, o un reflexivo comentario sobre cómo somos seres que encuentran natural el revolcarse en su propia inmundicia. Lo de la monja cachonda y el perro doberman casi juntos está más difícil: ¿será porque apenas llegada la noche ya no reconocen a su "amo"? Quién sabe.

Country Church - Country Church


Cuando se trata de música religiosa, es común que la gente que me conoce piense que la aborrezco o que me va a causar mal humor el que la estén escuchando. Aunque es cierto que he dejado claro mi oposición sobre todo a las religiones abrahámicas, por mi no hay problema si la música es buena y cumple con sus estándares. Si es así, la banda puede ser cristiana, satánica, pagana, o alguna extraña mezcla de lo que gusten y manden. Pero lo que es tremenda joya es cuando te encuentras con algo como lo que tenemos aquí: Country Church. Porque aquí no solo es que la música sea mala, sino que los integrantes mismos son ícono de la verdad desnuda del protestantismo estadounidense. Por favor comiencen viendo con atención de izquierda a derecha al primer sujeto: esa pose de excesiva confianza forzada, en contraste con la nerviosa sonrisa los otros dos, que parece que acababan de ir a audicionar como Mario y Luigi para el programa de Super Mario Bros. de los 90 que fue con actores en vivo. Esos pantalones a cuadros y en general el mismo atuendo al más puro estilo "pues dicen que somos ovejas de un rebaño a fin de cuentas"; sublime, simplemente. La mujer y su sonrisa son la cereza en el pastel. Parece estar pensando: "Que no se enteren de lo que le hicimos a esos muchachos que dejamos escondidos en... ¡Ups! No, no, malos pensamientos. Kumbaya, Señor, Kumbaya".

Freddie Gage - All my friends are dead


Ah, pero qué título, por todos los demonios del Infierno. Una belleza. Agrégale un "ex-" antes de la palabra "amigos", y vendría siendo el título de un compilado de fantasías mías. Llámalo un glorificado "No Vale Nada la Vida" o un retrato de lo que es la profunda reflexión de alguien cargada de nihilismo existencial sobre la vida en base a cómo termina, el hecho es que es tan real y crudo que te zarandea y te derriba de donde sea que andes queriendo volar en tu mente, pequeño humano insignificante. Tan solo con su portada y cuando aún ni has sacado el disco, este señor te recuerda que a menos que se encuentre la fórmula de la inmortalidad y te toque conseguir un poco de ese preciado tesoro, ya sabes lo que te espera.

The Merle Evans Circus Band - Circus In Town!


Esto es tan gracioso y a la vez relevante por el profundo horror que evoca, que deberían incluirlo en cualquier conferencia sobre fobias específicas. Vean al payaso con detenimiento: puede uno quedar hipnotizado como ratón asustado ante una serpiente. No sabes si es que está en pleno viaje con algo que se metió, o si está saboreándose ya a ese bocadillo viviente que tiene al lado y que de forma tan conveniente vino a caer en sus manos. En serio, y no importa que luego haya una protesta de payasos que se queje y haga ruido (porque ya ven cómo al mundo entero le encanta quejarse y hacer escándalo apenas hay alguna pequeña cosa no acorde con ellos): habría que hacer una extensa campaña para mantener a los niños más pequeños alejados de los payasos, por la grotesca figura e impacto que causan, y las repercusiones que vienen después. Es increíble que luego de tanto, tantísimo tiempo, los padres sean tan imprudentes que no lo entiendan. Espérense a que los niños estén un poco más grandes, mínimo. Yo no soy fan de los niños ni de la idea de tener uno propio, pero al parecer incluso quienes no los tenemos somos más conscientes que los propios padres de la necesidad de mantenerles en un ambiente con estímulos adecuados y nunca excesivos durante su desarrollo. Y créanme, lo grotesco de la imagen de un payaso en general, visto por un niño muy pequeño, está entre lo que se considera excesivo.

The Ministers Quartet - Let me touch him


Otro de religiosos, porque hay tantos que tal vez no bastaría una vida para ubicarlos todos. Desde que lees el título del álbum te preguntas de dónde salió (del audio de un micrófono plantado en la casa de uno de ellos, quizá). Y lo demás: el porqué de esas miradas tan peculiares, la forma en que suprime una sonrisa el tercer sujeto de izquierda a derecha, como pensando: "no tienen ni idea de qué tipo de material tengo coleccionado en cajas en mi casa, bajo llave". Lo mejor de todo es el segundo hombre de izquierda a derecha, con los anteojos de armazón gruesa. Casi puedo escucharlo murmurando enmedio de la sesión de fotos para la portada: "Oigan, ¿quiénes son esos de traje oscuro colocándose en las salidas y mirándonos? ¿Es el FBI? Oh, no"
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15 jun. 2020

La polémica sobre las estatuas en sitios públicos de cualquier país


De seguro la mayoría se ha topado en las noticias por lo menos una vez la polémica situación de ver opiniones divididas y gente peleando por no querer estatuas de caudillos de guerra considerados por otros padres fundadores de su patria. Tanto más cuando se trata de gente que en sus tiempos formaba parte de una facción o ideología que no solo es que se considere mal en tiempos actuales, sino que ya en aquel entonces era incorrecto no por cuestión de diferencia ideológica, sino por ser contrario a lo más básico en cuanto a reglas de convivencia humana y respeto a la vida y bienestar de otros.

Con esto de seguro les viene a la mente el tema en cuanto a Estados Unidos y los monumentos dedicados a esclavistas que formaban parte de los Confederados, o el Sur; quienes a pesar de sus mayores esfuerzos, perdieron la guerra civil contra Lincoln y la Unión. Pero esto no se limita al país que suele autoproclamarse como "América" a pesar de que en repetidas veces se les ha aclarado que América es todo el continente; en México y demás países de latinoamérica está presente la misma situación, sin meternos de lleno al tema nombrando lugares del resto del mundo, pues nunca acabaríamos.

Hay otras estatuas de las que no debe haber problema alguno. Y quienes llegan a protestar sobre ellas, se les nota más el deseo de hacerse notar mediante una necedad que usa como base una interpretación subjetiva y parcial. Así pues, no tiene nada de malo la Estatua de la Libertad, o la escultura del Beso o la Rendición Incondicional, u otras semejantes, mencionando de paso la de la Fuente de Neptuno en la Macroplaza, de mi natal ciudad de Monterrey. Figuras mitológicas o de fantasía, o aquellas que capturan momentos relativos a eventos de la historia en vez de focalizarse en un individuo como ícono, no deben representar un problema.

Aquí hago una aclaración que de manera frecuente debo hacer: no soy de derecha ni izquierda y los extremos radicales de cada una de éstas me parecen nocivos en sus prácticas y su manera de querer imponer sus caprichos sobre el resto. Sobre todo por lo mucho que terminan pareciéndose en sus métodos y conductas a pesar de decirse opositores. Por ello es que al decir que estaría de acuerdo por completo en remover estatuas de figuras de guerra y de personajes históricos de sobre ya desmitificados (como es el caso de Cristóbal Colón), dejo en claro que no es por seguir una corrección política o moda, o querer quedar bien con facción alguna. Es en realidad algo que desde mucho tiempo atrás había pensado que estaría bien cambiar y favorecer una renovación, dado que en efecto, las figuras importantes esculpidas en monumentos y sitios nombrados por éstas ejercen una influencia, aunque para muchos sea imperceptible.

Y debido a esto, sería ya buena idea el cambiar de giro a la hora de escoger qué figuras han de ser las que se vean en estatuas, efigies, esculturas, y demás. Porque ah, otra cosa: esa absurda propuesta por postmodernos de sustituir todo por lo que llaman "arte abstracto", que no son mas que simplezas improvisadas de nula calidad real, es de ni siquiera considerarse. Así que, si me lo permiten, quiero listar las sugerencias de personajes prominentes a poner en todas partes en vez de tradicionales líderes políticos y figuras de épocas de guerra (quienes en vida real distaban mucho de la versión romantizada promovida en libros escolares, hay que decirlo), los cuales aprovecho para decir que mi sugerencia sería dejarlos en interiores de edificios gubernamentales únicamente, y no desaparecerles del todo.

Al conservarles de la forma mencionada en el párrafo anterior, y considerando que muchas avenidas, edificios, vecindarios, y calles de muchos los países tienen también sus nombres, no podrán decir que se está buscando extinguirles. A excepción, claro está, de aquellos que sí habría que borrar de todas partes: quienes fueran evidentes autores de actos de lesa humanidad: participar en el esclavismo o ser dictadores sanguinarios, por ejemplo. Aquí está, pues, mi lista de personas que trascienden su pais de origen o tiempo, a quienes quisiera pusieran en efigie en todos lados, sin importar en qué zona o país. A fin de cuentas, estamos en el mismo planeta, esas líneas delimitando lo que llaman países existen solo por los dictados de gente con influencia:

Rene Descartes

Louis Pasteur

Stephen Hawking

Albert Einstein

Martin Luther King

Sarah Stewart (científica Mexico-Americana con grandes aportes al campo de la oncología viral)

Pablo Neruda


Octavio Paz

Dalai Lama

Mary Ainsworth (psicóloga de importantes contribuciones a la teoria del apego y psicología del desarrollo)

Nikola Tesla

Alexander Fleming

Edward Jenner

Marie Curie

Platon

Leonardo Da Vinci

Guillermo González Camarena

Gabriela Mistral (alma atormentada en lo personal, cuya autopercepción era siempre de juicios duros hacia su físico y carácter, y a partir de dicha existencia atormentada cobró fuerza para dejar huella como poeta, pensadora, y diplomática)

Gabriel Garcia Márquez

Virginia Apgar
(anestesióloga de importantes contribuciones a la obstetricia, anestesiología, y neonatología)

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2 jun. 2020

Los ejemplos de la bendita genética


Fíjense, mis queridos 4 lectores, que mientras hacía ciertas tareas, hubo un pequeño incidente por ahí y sangré un poco. Y al contemplar eso, me vino a la mente lo siguiente de lo que quería hablar aquí después de haber relatado el porqué no me esforcé en convertirme en alguien guapo. La razón por la que me vino a la mente es porque es algo muy relacionado con aquello que corre dentro de nosotros y que de hecho mencioné en la ocasión anterior: los genes.

Ah, bendita genética. Maravillosos cromosomas. Rara vez nos detenemos a pensar en ello, y es algo tan, pero tan importante, que no me alcanzan las palabras para describir la magnitud de ello. Para quien haya prestado atención hasta en la educación básica en clase de biología y que sí entienda que la ciencia es exacta y no sujeta a creencias (cosa que muchos, como los postmodernos y creyentes de la ideología de género no entienden o no quieren admitir), sabrán que son los cimientos de lo que somos e incluso los planos preliminares en base a los cuales fuimos construídos. Determinan a qué somos resistentes y a qué somos débiles, nuestra apariencia, el ser de género masculino o femenino, y muchísimas cosas más. Entre ellas, ah sí, qué tan bien nos vemos y qué tan funcional y bueno es nuestro cuerpo en general.

Y debemos ser agradecidos con aquello que nos tocó de bueno en la repartición, lo poco o mucho que haya sido. Porque aunque siempre hay cosas para criticar, hay que recordar que hay un sinfín de cosas que pudiéramos haber traído mal desde el primer segundo en que estuvimos en este peculiar mundo, cosas tan difíciles que habrían causado que para ahorita ya no estuviéramos aquí. En ese sentido, hay que ser agradecidos; y les aseguro que yo lo estoy. De esos casos desafortunados que estaba hablándoles les doy tan solo un ejemplo de muchos a quienes sí les tocó una mala y muy desafortunada suerte, pero les advierto, solo si tienen el aguante para ello: busquen en Google y se van a Imágenes: Niño Ictiosis Arlequín.

Dejando en claro que no es que uno se esté pintando como el desafortunado o a quien no se le hizo justicia hablando de los genes, sí podemos decir que hay unos que son el otro lado del espectro: los suertudos que parecen haber sido tocados por los dioses mismos y andan dejándonos a nosotros con nuestros Dos Pares o Tercia que nos tocó en el Poker Genético, mientras que ellos despliegan su Poker de Ases e incluso algunos su Flor Imperial en todo su esplendor, con rasgos y capacidades que te cagas. Así, tal cual, te cagas. Y dices: carajo, cómo quisiera que me hubiera tocado eso. Y hay unos cuantos que me topé en mi vida, de los que quiero hablarles a continuación:

Empecemos con alguien a quien llamaremos L. Él fue un compañero de trabajo que ah diablos, cómo envidiaba, lo admito. Pero no es de las envidias en mal plan; todo lo contrario, el cuate era buena onda y desde siempre me cayó bien y le desee lo mejor ya cuando no nos volvimos a ver y nos fuimos a trabajos distintos. Pero válgame, hasta le dije a él directo, como me gusta decir las cosas, que con los genes que le tocaron a él, qué no haría. L siempre se reía y medio intentaba minimizarlo, diciendo que no era para tanto. Pero juzguen ustedes: de entrada, L tenía lo que en México llamamos el ser un "Traga-años". O sea, verse mucho más joven de lo que era. No les exagero, se veía de 15 años menos o quizá más. En ese tiempo tenía que cargar su identificación y con todo y eso, como se veía bastante chavillo de facciones y complexión, lo ponían en duda. Tener novias más jovenes jamás fue (ni es, estoy seguro) un problema para él.

Además, la piel se la envidiaban incluso las chicas del trabajo, y se lo decían tal cual. Nunca tenía problemas de acné o imperfecciones mas que las muy mínimas. Les juro que me lo imaginaba como a Patrick Bateman en American Psycho con los mil productos de cuidado de la piel que sale poniéndose en su rutina, pero él aseguraba que no hacía nada de eso. Incluso recuerdo una vez que nos invitó a su casa, y hasta donde pude ver, no se veían en el baño ni en otro lado mas que las cosas más comunes. Nada de "crema anti-edad" u otra cosa semejante. Y además de lo anterior, la cereza sobre el pastel: no engordaba. Siempre esbelto. Y tragaba comida por kilos, sin medirse. Tacos, pizzas, hamburguesas. Lo engordador no le hacía subir de peso. Ahí de nuevo fui un metiche y tratando de no ser descarado descarté que se tratara de hipertiroidismo o algún otro padecimiento. Para nada, era L mismo con un metabolismo y otras facetas (además era muy saludable) donde ya de plano poco faltaba para que lo creyera un mutante.

Imagino que con lo que he comentado les vendrá a la mente alguna celebridad o tal vez un conocido propio, de los que parecen no envejecer y no desgastarse. Un caso parecido fue cuando conocí esta vez a una chica, en sus veintes de edad en ese entonces, a quien llamaré Z. Conocí a Z también en un lugar de trabajo; alguien atractiva, de tez blanca, y ese tipo de labios gruesos en particular que le despiertan el gusto y hasta el morbo a muchos. Los que a veces llegan a llamar algunos: "labios sexosos", jaja. En fin, ella tenía todas las características que les comenté tenía L, con el agregado de que además tenía una energía y estado de ánimo inmutables. Mientras que con otra gente sucedía lo muy común que es el verles fluctuar en su estado de ánimo debido a diversas circunstancias, ella se mantenía constante. Las compañeras con las que se llevaba de ahí le solían decir que era una mujer de gran fuerza y cuanta cosa. Tiempo después, y viendo otras cosas que Z hacía y decía, mas otras que llegaron a oídos míos por terceros, vi que la cosa iba por otro lado. No hubiera podido probarlo nunca, por supuesto, pero estoy casi seguro que ella, así de bonita y de bien dotada en cuanto a genes se refiere, le había tocado junto con eso otro rasgo muy particular: ser una auténtica psicópata. Pero bueno, eso es una historia aparte, y para otra ocasión.
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23 may. 2020

Cuando me preguntaron por qué no me volví guapo


El que alguien resulte atractivo depende de varios factores. Si éstos juegan a su favor, atrae. Así de simple. Y esos factores pueden ser relacionados a su físico, a sus habilidades sociales, sus valores como persona, sus logros comprobables en la vida a ojos de los demás, su cultura y nivel académico, y otras cosas. El que sabe malabarear de forma inteligente lo que le tocó desde un inicio y lo que ha sabido adquirir, llega a atraer a otras personas.

Y vaya que todos conocemos ejemplos de eso, donde incluso alguien sin demasiado atractivo físico lo compensa con otras cosas y su vida amorosa es un éxito. Otros que salieron con la bendición de un atractivo físico extremo, y con los demás atributos mencionados desarrollados a medias o apenas a nivel aceptable, y por último (y ahí sí es algo que no todos han llegado a ver), alguien con un atractivo físico increíble que además tiene todas o la mayoría de esas otras cualidades, y es prácticamente como toparte al Ave Fénix, a la Zarza Ardiente del Antiguo Testamento, el legendario Unicornio, el Duende del Arcoiris con todo y la olla llena de oro; la aparición más inesperada e increíble que en la vida te esperarías.

En mi caso en particular, lo diré tal cual: soy feo. Ni modo, así nací, y al menos estoy consciente de ello. Porque ya ven que algunos feos por ahí al parecer no les llegó el memo o la notificación avisándoles, y por alguna razón, los cumplidos de su mamita o no sé, se creen guapos o guapas. Como decía, me tocó ser feo, pero a la vez no al punto de horrendo. Entre distintos sondeos de opiniones de terceras personas a la par de verme a mí mismo en el espejo, incluso logré hallar la media estadística de qué calificación me solían dar en la famosa escala de 10. Al parecer mi rango en la adolescencia y justo terminándola fue 6.5 a 7, y ya tiempo después y considerando que por mi propia culpa me descuidé, en la actualidad y con peso de más, un 5 (quizá 4.5) de 10. Así que si lo trasladáramos a términos de comida, yo habría sido un platillo de esos que suelen decir "no me agrada, y no se me antoja, mejor paso". No lo que querría, pero tampoco era un "guácala, esto me hace vomitar". Y no me quejo con la suerte que me ha tocado en ese plano en la vida; antes bien, agradezco tanto las experiencias que me han tocado en la vida y las mujeres que han estado involucradas en ellas, y que eligieron mi compañía y brindarme la suya.

Claro que lo anterior no significa que durante la vida no me haya imaginado, como le pasa a muchos alguna vez, cómo sería ser guapo. Y no me refiero solo a alguien muy bien parecido, sino ser de plano un tipo con la bendición de Eros mismo, una copia clonada de Adonis, una fábrica de gemidos y entrepiernas mojadas con tan solo mi presencia. Y no he sido el´único, pues un par de personas (tal vez unas más que se me estén olvidando) me llegaron a plantear lo mismo. Llegaba algún consejo aquí y allá preguntando: oye, si hicieras esto te verías mejor", y cosas por el estilo. Pero fue cuando llegó una chica exuberante a plantearme cosas más claras y directas sobre el asunto.

La chica de la que hablo es alguien que de amiga pasó a lo opuesto y hasta a hater, que de hecho fue mencionada antes en mi blog, y hasta se ganó lugar en mi sección de Hatemail. Sin haber tenido nada íntimo que ver, vaya que llegamos a tener historia, la cual comenzó como compañeros de trabajo y luego amigos. En ese entonces, el lugar donde trabajaba solía de pronto tener a algunos empleados y empleadas que sus papás de dinero les habían forzado a entrar a trabajar ahí, para que mínimo se pusieran a hacer algo y supieran lo que era trabajar. Ella era una de esos, los hijos e hijas de ricachones. Entramos al mismo tiempo a trabajar y a la misma área, y congeniamos luego de darnos cuenta que ambos veníamos de familia de médicos, en el caso de ella era su mamá la doctora y un sinfín de tíos y primos suyos. Gracias a eso, se sentía cómoda platicándome temas médicos, y en particular sobre dos cosas que tenían su interés: la bariatría, y la cirugía plástica en general.

Para entonces ella solo se había hecho una cirugía: la rinoplastía. Y no es que tuviera necesidad de nada más, porque como dije, era muy atractiva y exuberante. Ese es el término que usé antes al inicio de este relato, pero déjenme lo aclaro para que no se preste a dudas a qué me refiero con exuberante: tremendas y lllamativas tetas, nalgas, y bonitas piernas. Llamaba la atención de muchos. Pero aún así, era de esas que siempre estaba hablando de qué cirugías le gustaría hacerse, y aún estando muy joven en ese entonces, quería ya tener planeado qué corregirse a medida que fuera cumpliendo década tras década de edad.

La vez que esta chica se decidió a hablarme de mi físico, ya había suficiente confianza. De esas veces que en un trabajo tienes un grupo de compañeros que aunque no son tal vez amigos entrañables tuyos, son al menos camaradas con quienes sales alguna vez y te llevas bien. En una de esas veces que salimos los de ese grupito del que hablo, ella me habló aparte y surgió entre la plática el tema de la gente atractiva, y me dijo que a como me veía, que ella consideraba que de solo hacerme una rinoplastía, y el otro procedimiento, la bichectomía, donde entran por el interior de la boca y extraen las bolsas de grasa de las mejillas para hacerte la cara "afilada", y que con eso para ella yo sería, en calificación, un 8 y muy posiblemente un 8.5, en la ya mencionada escala de 10. Y se le hacía raro que no me hubiera decidido a hacerlo, se preguntaba cómo es que no.

Aquí mucha gente se ofendería; aunque suelen ser más sensibles a comentarios así las mujeres que los hombres, pero de todos modos les cala. Conmigo no fue así, porque ya la conocía a ella y su forma de expresarse lo suficiente para saber cuándo quería ser hiriente o grosera y cuándo no. Era su forma de hablar y decir las cosas. Y ya sé, antes de que alguien lo diga: sí es en cierta medida superficial el andar calificando a la gente con números sobre su atractivo. La razón por la que lo he señalado en este relato es porque, aunque sea una mala costumbre, hay que aceptar que ha sido algo muy visto y más en otros tiempos de varios años atrás. Calificamos todo, lo admitamos o no. En fin, tenía ya ahí a tremenda chica super sexy diciéndome que a sus ojos (y por ende, de otras) podría dar un considerable salto a gustar más con un par de cosas corregidas, cosa que no ocurre con otra gente que le tocó una suerte distinta y sí necesitarían, si quisieran hacerse correcciones, mucho más que solo dos cirugías.

Esto ya pasó hace tiempo. Le contesté alguna respuesta sacada de la manga, y dije sobre su consejo que lo pensaría, y sí lo hice. Nunca me hice procedimientos estéticos. Cuando necesité operarme la nariz, fue por razones de validez médica, y no quise que incluyera la corrección exterior a la hora de corregir el tabique, o sea la rinoplastía en vez de solo la septoplastía. Costaba más, y pudiera haber asumido el gasto, lo sé. Pero no lo hice, y bueno, el cambio que ha ocurrido con los años ha sido para mal, el que le ocurre a muchos: el peso. Así que como cada cierto tiempo, me acuerdo de esta chica y aquella sugerencia que me hizo, y sí me doy el tiempo de preguntarme: ¿por qué, eh? ¿cómo es que no me animé en el pasado y aún ahora no solo a buscar tener un cuerpo esbelto y bien trabajado, y una que otra cosilla de cara tal vez? Vaya que habría facilitado mucho las cosas, y entre más pronto haberlo hecho en la vida mejor. No solo para ligues y eso; sabemos que, digan lo que digan otros, a la gente atractiva la contratan en buenos puestos de trabajo más fácil, son más permisivos con ellos en trámites de todo tipo, y el trato en general. Sí, sí, sé lo que van a decir algunos: ellos también tienen otro tipo de problemas. No dije que no los tuvieran, pero ya eso es otro tema.

Así que ahí me tienen con esa duda desde entonces, y en tiempos actuales de vez en cuanto. La misma pregunta que la chica me hizo, que se reduce en: "¿Por qué no te decides a volverte guapo?". La primera respuesta es que no lo hice por apatía. Yo digo las cosas como son, no ando adornándolas o buscando pretextos o culpables en situaciones donde en realidad el único culpable es uno. Me faltó decisión y me fui al pensamiento flojo de que mientras las cosas me funcionaban sin eso, ¿para qué hacerlo? Ahora sé que otros caminos se habrían abierto, y no solo entonces, aún ahora. Y con todo y que lo sé, ahí está todavía la conducta del no-cuidado. Aún sin que se tomaran en cuenta los otros "arreglitos", bien pudiera buscarse el cuerpo tonificado y fuerte, pero no. Vuelve a ganar la apatía y el pensamiento autosaboteador, a pesar de que en el pasado sí hacía actividades físicas mediante defensa personal, y me mantenía delgado. Esperando algún día luchar con eso y vencerlo, quiero de todos modos compartirlo a otros para que si tienen mayor voluntad que yo, y más aún, si están en una de las etapas tempranas de la vida, no duden en corregir esas cosas si pueden hacerlo. No esperen a después.

Confieso que sí me he imaginado cómo sería si fuera alguien galán, carita, un ejemplo de lo que un espécimen masculino quiere y debería alcanzar a ser. De esos que entran a un lugar y a fuerza les van a voltear a ver. De esos que causan que las mujeres se ponen a coquetear, descaradas (que por cierto, qué poca, eh. Pero bueno, es cosa que hacen hombres y mujeres por igual, lo sabemos). Me he imaginado cómo sería la reacción de algunas de mis ex al verme transformado, incluso de cómo reaccionarían o qué dirían miembros de familia, excompañeras de trabajo, etcétera. El asombro luego de verme llegar cual monarca espartano. ¡Oh, Rey Strauffónidas! Y yo sonreír y flexionar, y con algún pretexto quitarme la camisa, por supuesto.

Con lo anterior tampoco estoy defendiendo a quienes desarrollan adicción quirúrgica para meterse cuchillo a cada mínimo detalle o tampoco los vigoréxicos adictos al gimnasio que terminan usando métodos extremos por un cuerpo fuerte y marcado, lo cual es un mal que le afecta a ciertas personas donde no van a dejar de verse cosas malas y no dejarán de subirle a la intensidad hasta volverse un auténtico freak show. A lo que me refiero es a que, ¡hey! ¿tienes algo que corregir de tu nariz para respirar mejor, y esa nariz además tiene una forma no favorable? Date la oportunidad de corregir las dos cosas, lo interno y lo externo. ¿Tienes dientes feos, dañados? Invierte lo que sea con todo tu esfuerzo. Aparte de poder masticar bien y quitarte las molestias, el ver una buena dentadura y sonrisa al verte al espejo cada día te será benéfico. Y por supuesto: el ejercicio. Pesar lo que debes pesar ante todo por salud y prevención, y como agradable y bienvenido efecto adicional, el verte bien.

Hay gente que podrá decir que eso es estar dándole demasiada importancia a lo que opinen otros de ti, pero no: es dar importancia a todo, primero el cómo te ves, cómo te hace sentir verte, y al final, qué cosas buenas desencadena el sentirte bien y el que tú y otros por igual consideren que te ves bien. Esto suena a basura motivadora o de infomercial, pero ustedes, mis queridos lectores, saben que no es el caso. Si todavía hay tiempo, hay que darnos la oportunidad de tales cosas. Por flojos con mil excusas es que no lo hemos hecho, y vaya, si podemos ligar las cosas para verse atractivo con aquellas que nos harán más saludables y fuertes, no deberíamos decirle a éstas un no. Y si hay quienes estén bajo nuestra tutela o enseñanza, enseñarles a que hagan lo correcto, que tengan el ánimo de hacerlo y no dejar que se extinga esa flama. Porque esa flama es algo que en mucho se puede aprovechar.
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10 may. 2020

Top 10: Las Peores Madres en películas y series

Malos padres los hay de ambos sexos; y hay incontables pruebas de ello: tan solo vean a los que toman como una gracia la injustificada y psicológicamente dañina conducta de besar en la boca a los hijos, pero esta vez vamos con el tema de las madres. Las mamás pueden darte valiosas lecciones, orientarte, y ser un pilar en tu vida. Pero también pueden hacer todo lo contrario. Y como muchas cosas en que se traza una línea común entre la realidad y la ficción, en ésta última podemos hallar ejemplos de lo que es una mala madre en verdad. Luego de haber escrito en el pasado respecto a los peores padres en películas y series, por supuesto que no podía dejar de abordar este otro lado del tema.

De películas y series, sin excluir las animadas, les dejo mi selección particular de las que se lucieron quedando mal en su papel de madres y que le habrían hecho un enorme favor a su hijo o hijos de haber salido de sus vidas lo más pronto posible en vez de quedarse a hacer el daño que hicieron (y por supuesto que puedes comentar tus propia selección, lector):

Molly Weasley (Harry Potter)


Este personaje es el ejemplo de algo que por fortuna no me tocó vivir en carne propia, pero sí tuve que verlo sufrir a otros y es aberrante: la mamá odiosa que trata como basura a su propio hijo pero al amigo de éste, o a algún hijo de conocidos o tal vez un sobrino o lo que sea, lo trata como si quisiera de plano ligárselo y llevárselo a la cama. Mientras que a su propio hijo Ron lo trataba como basura, alzándole la voz frente a sus amigos y regañandolo por cosas que no eran del todo su culpa, bastaba con que llegara Harry Potter para que Molly Weasley estuviera a un paso de extender su lengua en el piso y pedirle a Harry que caminara sobre ella. Cero respeto o aliento a su hijo, quien en verdad no era malo, y a quien le hubiera servido apoyo maternal para forjar un carácter más decidido y fuerte. Pero con una madre así, y el plus de un papá que era mas bien de adorno y que al parecer le había cedido las pelotas a la esposa desde que se casaron, qué se podía esperar. Las mamás que son así como este personaje (muchos conocimos a alguna en un punto de nuestras vidas) son un asco.

Judy Geller (Friends)


Mamá de Ross y de Monica en la serie Friends. Un ejemplo de esas señoras que desarrollan una rivalidad patológica con la hija al punto de sabotearla. Gracias a ella, su hija Monica tuvo que soportar sufrir de obesidad en los mejores años de su vida, y tiempo después desarrollar un serio caso de trastorno obsesivo compulsivo, sobre el cual hasta al final se negó a reconocerlo o a buscar tratamiento. Una madre que arruinó a su hija entre comentarios pasivo-agresivos y sonrisas falsas condescendientes.

Lois Wilkerson (Malcolm in the Middle)


Siempre me ha dado risa ver que el personaje de Lois tiene fans hasta la fecha que la defienden diciendo que es el tipo de buena madre que hay que ser. Me imagino son de la misma gente que le aplaude a sus madres que les hayan dado salvajes golpizas y bofetadas incluso cuando no tenían la culpa o cuando no ameritaba algo tan extremo. Y no me crean un tibio de esos que dice que hay que prohibir por completo el castigo, para nada. Es una herramienta valiosísima en la formación de los hijos, y es estúpido retirarlo. Pero Lois es un caso muy feo. Hay unas que son madres mediocres que se autojustifican, y aunque fastidiosas o estorbosas, no son malintencionadas (un ejemplo de eso es Frankie, la mamá de la serie The Middle). Pero Lois al final de la serie deja muy en claro que ve a los demás, y en particular a su hijo Malcolm, como peones de un juego donde solo ella merece decidir. Queda claro eso al echarle a perder su oportunidad de un trabajo con excelente sueldo y prosperidad, y en vez de eso forzarlo a que siga estudiando y a que intente ser presidente del país. Una buena madre habría querido éxito económico e independencia junto con un camino libre y próspero en otros rubros para su hijo. Ella no. Lo que importó, como siempre, fue el cumplir sus caprichos y fantasías como mujer dominante y loca que siempre fue.

Agnes Skinner (Los Simpson)


Madre castrante, chantajista, y de doble moral. En varios capítulos de los Simpsons se le ve maltratando de alguna manera a su hijo Seymour mientras se ostenta como buena madre ante muchos; pero no ha tenido problema en arruinar y bloquear todo aquello que fuera bueno o placentero para su hijo, mientras que ella misma no se prohibió de nada cada vez que le dio la gana.

Sheila Broflovski (South Park)


En un pueblo donde lo raro sería hallar a una buena madre (y es igual de difícil hallar a algun buen padre, dicho sea de paso), Sheila se lleva el premio por su hipocresía y afán de exagerar las cosas y buscar culpar siempre a otros en vez de reconocer que hubo errores de su parte, y haber causado gracias a eso hasta una guerra de Estados Unidos contra Canada.

Mamá Elena (Como Agua para Chocolate)


Cruel y castigadora sin necesidad, ella sabía que la represión y el maltrato estaban mal, y era una mujer suficientemente inteligente para darse cuenta de que la excusa de "es la tradición, así lo hicieron nuestros padres antes" era una falacia. Pero aún sabiéndolo, no le importó, y se dedicó a hacer cosas que le valieron el merecido odio de su hija Tita.

La Llorona (Folclor popular, películas varias)


Como ya todos sabemos, ahogó a sus hijos. Y luego lo lamenta. Ya no recuerdo qué le hacen en la película El Santo contra La Llorona, pero ojalá le haya hecho una Quebradora y un Martinete. Se lo tenía bien ganado.

Margaret White (Carrie)


Horrible fanática religiosa obstaculizando el desarrollo físico y emocional de su hija, a la par de querer destruir toda aquella esperanza de interacción social sana de la pobre Carrie. Un monstruo como las hay tantas en la vida real, excusándose con su Dios y sus creencias para cometer sus atrocidades contra muchos, incluyendo aquellos a quienes se supone debían proteger. Margaret se gana este lugar en este que es mi top personal en vez de incluir a Norma Bates, la mamá en la película Psicosis, por una razón: Margaret llegó al extremo de intentar matar a su pobre hija, mientras que Norma no llegó a ese extremo en su vida.

Mary Jones (Precious)


Un salto a lo abominable: una hipócrita y apática de las que las fuerzas del orden, organizaciones de ayuda, trabajadoras sociales, y personal médico se topan a cada rato: alguien inútil y autodestructiva que permite que a su propia sangre la dañe y deje marcada en más de una manera alguien más, sin hacer nada por evitarlo. Y no solo eso, sino encubriendo al asqueroso agresor. La mujer permite que su propia hija sea abusada sexualmente, y tiene la desfachatez de nombrarse a si misma como víctima.

Zinnia Wormwood (Matilda)


Una rata de poca monta, al igual que su esposo. Negligente y abandonadora, que jamás dio una pizca de afecto a su hija, y mucho menos le importó lo que a ésta le ocurriera en la escuela. En vez de alentarla por sus talentos, estuvo feliz de deshacerse de ella cediéndole la custodia a alguien a quien apenas conocían que, por fortuna, resultó ser una buena persona, pero es algo que ellos no sabían y por supuesto no les importó averiguar.
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