Luego de mi primer post de familiares odiosos, vaya que tengo algo nuevo que contar para esta segunda parte. Y bueno, es que si de personas conflictivas se trata, creo que muchos tenemos una cantidad de relatos suficiente para escribir un libro, ¿no? Es la condición humana misma, por mas que muchos digan que pensar eso es ser una persona del tipo "vaso medio vacío". Pero es la verdad, ¿no lo creen? El conflicto y lo malo es inherente al ser humano, y por ende, a quienes tienen un lazo de sangre con nosotros.
En esa primera parte que escribí, hablé sobre mi familiar y sus hijos de aquí de mi misma ciudad. Aquí debo hacer una distinción: mi familia está dividida en tres bloques. Lo mantengo simple y los tengo numerados, siendo el 1 la gente de la que hablé en la parte uno, el 2 son los que viven aquí en mi natal México pero en otra ciudad lejos, y el 3, que son los que viven fuera del país y con quienes me llevo bien y hay respeto de ambos lados. Así que, como es ya obvio, esta vez hablaré del bloque número 2, y mi decisión de distanciarme de ellos por completo y bloquear todo contacto, quedándome solo con el bloque 3 de mi familia en buenos términos.
Mis familiares correspondientes al bloque número 2 fueron en otro tiempo muy cercanos a mi, y los quise mucho. En tiempos en que yo era un niño y después un adolescente y aún vivían mis abuelos, ellos acostumbraban venir de visita y quedarse un tiempo incluso algunos de ellos, a estudiar o a trabajar. Con mis primos y primas llegué así a desarrollar un vínculo que consideraba único, y con cada uno tuve vivencias y confesiones únicas.
Sabemos que cuando la gente crece y toma decisiones como casarse, tener hijos, y otras más, cambian. Es algo natural, y aunque no siempre es grato, es de esperarse. El problema es cuando dicha gente cree que por los eventos en su vida tienen derecho a perder lo básico en cuanto a valores, y a respeto y consideración a los demás. Dicho sea de otra forma: tal vez pueda sin duda justificarse que no seas tan alegre o con tanto tiempo disponible como cuando eras muy joven, pero nada justifica el que te vuelvas alguien que sin razón válida no trata bien a quienes a fin de cuenta son tu sangre . Pero esa gente cree que eso es lo normal, aquello a lo que están acostumbrados.
Cuando crecieron y cometieron casi todos la impulsividad de casarse jóvenes y empezar a tener hijos sin terminar de vivir sus mejores años, mis primos tuvieron ese cambio drástico del que hablaba. Fue gradual, al punto de sorprenderme de ver ya cómo se comportaban no solo conmigo, sino con otros. Luego algunos se divorciaron, y otros se quedaron aún con sus parejas a pesar de la toxicidad pura que puede hasta palparse si está uno en presencia de ellos. Pronto dejaron de incluso hablar como antes, volviéndose de esas personas casadas que parecen estar en trance: hablando como en cámara lenta, mirada dispersa, su cónyuge o pareja ahí a su lado siempre y colgándole del cuello o brazo como un chango, y sin dejarle platicar con uno en paz. En fin, sé que quien lea esto habrá visto algo así entre sus conocidos al menos en una ocasión. Lo hemos visto todos en familiares, amigos, compañeros de trabajo, etcétera.
Comenzando con mis primos, uno de los que he considerado siempre un hermano mayor: mi problema es con la esposa de él, quien viene siendo mi prima política, me detesta y es muy grosera conmigo, pues vaya que tenemos el elemento conflictivo completo ahí. Su esposa es de las mujeres que actúan como millonarias sin serlo, con actitud condescendiente y criticándole a uno por la ropa y gustos mediante comentarios condescendientes en modo pasivo-agresivo, presumiendo por cosas materiales que tiene y por las que ella misma no ha pagado nunca.
Otro ejemplo es la prima con quien me entendía y llevaba mejor que nadie se casó con alguien que era nocivo en más de una forma. El tipo que fue su esposo llegó a comportarse altanero conmigo en un par de ocasiones que coincidimos en persona, y cuando ocurrió que mi prima y yo platicamos al respecto y le dije todo cuanto pensaba sobre el tipo (lo admito, tengo el detalle de muchas veces no medirme en mis palabras), ella explotó. Aún hasta la fecha, ya varios años después de que incluso se divorció del esposo, sigue odiándome. Y durante el transcurso de ese tiempo se ha dedicado a decir cosas de mi como que soy un oportunista que quiere que mi madre se muera para ver qué me deja de herencia, y otras cosas sin fundamento. Ya un par de veces discutimos y nos dijimos de todo, y no terminó bien.
Casi olvido mencionar que a veces mis parientes, estos primos de quienes acabo de hablar, también se pelean entre sí debido a chismes y rumores constantes. El ejemplo perfecto de disfuncionalidad. Cuando tienen sus pleitos, le exigen a uno escoger de qué lado está, y se ofenden si uno les dice que de ninguno o que uno no quiere problemas. Y luego de hacerse y decirse cosas, de pronto en unos días ahí están según muy amigables conviviendo entre sí... hasta que llegue el siguiente pleito por alguna razón. Y peor si uno intenta ser conciliador y abogar por la paz hablando con ellos y tratando de apelar a su madurez y al bien común. Una sola vez me bastó para ya no querer volverlo a hacer.
Mas de una vez intenté enmendar las cosas con todos ellos, al grado de ir allá a visitarlos para pasar las fiestas/vacaciones de Navidad. Tratar de limar asperezas, como dice la vieja frase. Y lo que me topé fue o un desdén y condescendencia obvio, o una actitud amable para después volver a la hostilidad pasivo-agresiva hacia mi que ya es su tradición. Por todo lo anterior, decidí poner distancia. No es que esté en pleito con ellos o que les desee mal, y tampoco que no los salude o no conviva con ellos si los veo, pero ya no es lo mismo que antes en otros tiempos. Nunca dejaré de portarme educado y amable con ellos en la medida de lo posible, y no es que haya dejado de tenerles afecto, pero a su vez ya tengo que tener siempre la guardia arriba.
La lección aquí es clara: no hay que tener miedo de cambiar la dinámica a quienes ya dejaron de estar hace mucho o no son como antes, y saber que es ilógico dar cariño y tiempo a quienes no te dan ya ni lo uno ni lo otro a ti, sea quien sea. Porque la vida debe tratarse de tener las mejores experiencias y buenos momentos, y no de tirar el tiempo, ya que ese tiempo nadie nos lo regresa.













